lunes, 20 de mayo de 2013

Traición y apellido

NI SIQUIERA ante un auditorio potencialmente proclive, como que esperaba la salida de la Virgen de los Desamparados, se siente cómoda hoy la elite política del PP valenciano. Ese era el comentario de los invitados que compartieron la espera con Barberá, Fabra y Cotino y sus respectivas y no siembre bienavenidas cortes, en la sede del Tribunal de las Aguas. Representantes del cuerpo consular en Valencia (muchos de ellos abogados conocidos) y altos mandos de los tres Ejércitos y de la Guardia Civil no ocultaban su sorpresa. Ningún político se atrevió a asomarse al balcón, ninguno rompió la manada para conversar con ellos. Una imagen perfecta del distanciamiento cada vez mayor de aquel partido de las mayorías absolutas y las adhesiones inquebrantables. Una lejanía que se ha buscado solo, aceptando conductas irregulares con apellido ilustre y alentando la división interna. «Rita no debería volver a presentarse», dice una destacada y muy próxima voz empresarial, «pero ella quiere hacerlo, y retirarse después». Los empresarios, oye.
No hay peores fantasmas que los del miedo a ser traicionado. Quien lo dude debería haber reservado hace unos días en Abadía d’Espí, próximo a la Conselleria de Hacienda, en el que recaló el presidente de la Diputación de Castellón, Javier Moliner, tras lo que parecía haber sido una intensa mañana en la Generalitat. No le hacía falta altavoz para que el resto de comensales escucharan sus quejas. Que si estamos dispuestos a colaborar, pero no a cualquier precio. Que si nadie se quedará el aeropuerto sin los terrenos, porque el negocio de verdad no es el aeroportuario. Que si han querido venderlo por la prensa y hay que hacerlo bien, con subasta. Que si llevo dos años y todavía no entiendo lo del préstamo participativo y estos que acaban de llegar piensan que lo saben todo. Que si con Carlos ellos tenían sobre quién descargar la tensión y ahora es diferente. Que si (y esta es la clave de la historia) a quien se culpará si las cosas se hacen mal no será a la Diputación, sino al presidente, porque aquí pagan las personas y no las instituciones. La carcoma que corroe al PP es ya el propio partido.
Y si había suspicacias entre las grandes fortunas locales a propósito del Banco de Valencia, ha llegado la alcaldesa a tensar más la cuerda. O eso es lo que se interpreta a la vista de que casas como la de los Carpi, tan próxima a Barberá, o los Gómez Trénor, entren en el consejo de Aguas de Valencia. Un gesto, un mensaje de apoyo a Calabuig quizás, frente a CaixaBank. Pero un agravio también para las otras familias que se niegan a dejar pasar la gestión realizada en el banco sin culpables. Las mismas que ya están preparándose para adherirse a las querellas en cuanto se admitan a trámite.

No hay comentarios:

Publicar un comentario