"DEFINAME LAS TRES debilidades principales de su
entidad financiera / ¿Puede explicarme una operación analizada en el último
consejo de administración al que usted haya asistido? / ¿Qué riesgo representa
para la entidad la empresa con la que ha suscrito ese préstamo?" Y en ese
plan. Este es el tipo de preguntas que están teniendo que contestar los
consejeros valencianos en órganos de gobierno de entidades financieras, que
haberlos, todavía los hay. El Banco de España ha iniciado una ronda de auditorías
de gobernanza de ese tenor para rastrillar la piel de toro. Que buena falta
hubiera hecho antes. Porque ahora es inevitable preguntarse si Linde habría
cesado a la amplia mayoría de consejeros de bancos y cajas que llegaban sin
haberse leído ni un papel, o con las consignas dictadas por aquel Fouché de
Bancaja que fue Vicente Palacios, hoy patrono de la Fundación. Ente parado
éste, la última casa de Aurelio Izquierdo.
Lejos queda la polémica por los 7,6 millones en derechos
de pensiones del ex director general de Bancaja y ex consejero delegado del
Banco de Valencia. Izquierdo sigue yendo a trabajar al edificio de la plaza
Tetuán, aparentemente porque es el único intermediario con conocimiento de
causa entre el presente y el pasado, "el que sabe dónde están las
cosas". El futuro es una incógnita tanto para él como para la entidad, o
su remedo en forma de fundación. Si algo sobra en la Comunidad Valenciana (el
problema es que resultan difícilmente exportables) son ex directivos de
entidades financieras. Que tampoco ha cuajado el invento de Juan Antonio
Gisbert en Madrid, y anda de vuelta por Alicante después de haber recibido de
Cajamar una indemnización muy por debajo de sus aspiraciones, y todavía más
alejada de aquel generoso finiquito de la CAM de hace 12 años. Tal que un 95%
menos. Son otros tiempos, oye.
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