jueves, 2 de mayo de 2013

Prometeos

SI HUBIERA QUE ESCOGER a un nuevo Prometeo para robar el fuego a los dioses, no habría candidato mejor que Isidro Fainé. Esa sería mi sugerencia. Apuesto a que tras la hazaña, y lejos de castigarlo, Zeus se vanagloriaría ante su corte olímpica de haber hecho un buen negocio. De naturaleza simpática y agudísima inteligencia, el presidente de CaixaBank recibe en su sede en Barcelona. Es amable y obsequioso. Luego están los negocios. Un destacado colaborador en los procesos de absorción de CAM y Banco de Valencia asegura que, frente a los circunloquios del Sabadell, el desembarco de CaixaBank está siendo demoledor, sin concesiones, afilado como un bisturí, radical. 350 profesionales fuera en un abrir y cerrar de ojos.
Entonces, ¿por qué Fainé se pone incómodo cuando se le pregunta sobre Aguas? Y también su perspicaz consejero delegado, Juan María Nin. Alguien podría pensar que, no existiendo provocación, excusatio non petita, accusatio manifesta. ¿O sí hay hostilidad? Quizás Fainé crea que se está prejuzgando a CaixaBank como enterradora de la valencianía de la empresa («soy un valenciano del norte», desbordó). Tal vez piensa que se le atribuye a CaixaBank una iniciativa reservada al Consell y la alcaldesa Barberá. En fin. Desde la cúpula de Bibiano Martínez en Valencia emanan dos ideas: a CaixaBank le gusta Aguas, le parece un «empresón», si se gestiona bien; y es Fainé quien tiene la llave de la valencianía, no Eugenio Calabuig.
A nivel local, cada vez son más las voces empresariales que destacan el valor prometeico del presidente de la CEV, Salvador Navarro, que lidera un equipo capaz de reinventar la influencia política. Después de su valiente posición en el Palacio de Congresos, la solución al nudo gordiano de la SGR, en alianza con partidos políticos, sindicatos y patronales provinciales, es otro gran éxito de la CEV bajo su mandato. Su legitimidad ha crecido y ya ronda por su cabeza hacer cambios en la ejecutiva que heredó de José Vicente González. La mitad de sus miembros acaban mandato ahora, y además del relevo forzoso de Juan Eloy Durá es previsible que haya más cambios en el próximo año. Muy probable el de Antonio Baixauli. Y alguno más. Hay que renovar.
Y apuntes sobre la gestión del Consell: reconforta saber que a algunos directores generales, a falta de dinero, se les ha «puesto a trabajar en serio», que la buena vida se acabó; y algunos advertirmos que era un grave error prescindir de un experto como Román Ceballos en Trabajo antes de reestructurar el sector público. La Justicia ya ha tumbado dos ERE. ¿Veis?

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