lunes, 27 de mayo de 2013

La bebida del embajador, la charla Navarro-Pujalte y los desafíos de Buch

ACOSTUMBRADOS a que te pidan hora para admirar el rovell de l’ou, la imagen de 200 empresas valencianas, y de alguna institución como la Feria (cuya facturación  comercial en 2012 rondó los 20 millones), esperando turno, deslizándose hacia la silla libre, explicándose, vendiendo hasta la horchata a embajadores y agregados comerciales del mundo árabe en el Astoria, demuestra que la iniciativa privada ha hecho ya la cura de humildad necesaria. Frente a ellos, diplomáticos con expresión abrumada, llegados a Valencia gracias a la ingeniosa iniciativa del presidente de Cierval, José Vicente González, y de su gancho, el embajador de Argelia, país con la legación decana en Madrid. Ninguno tan cotizado como el de Emiratos Árabes, alguno con problemas para articular palabra... que el vino en España, quizás no lo sabían, sí lleva alcohol. Y a intercambiar tarjetas y ya verá las oportunidades de inversión en mi país. Hoy todo es fuera.
Los clásicos decían que la humildad es la verdad, y algunos empiezan a darle más importancia al contenido que a las formas. El que más se significa es el presidente de los empresarios valencianos, Salvador Navarro, que lleva dos de dos: Palacio de Congresos y SGR. Al parecer, su siguiente objetivo es la nueva ley de las Cámaras de Comercio. Al menos eso se desprende del intenso intercambio de impresiones que tuvo hace unos días en el restaurante Belgravia con el diputado nacional del PP y ex directivo cameral Vicente Martínez Pujalte. Al poco, apareció el borrador de la Ley de Cámaras, que conduce directamente, y ya estamos otra vez, a la Generalitat, que será la que decida qué sectores económicos entran en el pleno. Y no caben todos los que están, y convendría darle un nuevo aire a la cosa, y José Vicente Morata está por la labor de dar cabida a las nuevas formas de la economía, y los votos del comercio qué. O sea, jaleo.
Lo que le faltaba a la Conselleria de Máximo Buch, que tiene sobre la mesa dos problemas gravísimos: la irresponsable amenaza de huelga de los pilotos de Air Nostrum, en plena negociación de los Serratosa para dar entrada a nuevos socios en el capital; y la negativa de Thyssen a sentarse a hablar con Arcelor Mittal sobre la venta de Galmed Sagunto. A lo que se suma un desafío grave, a medias con Hacienda: ¿Qué dirán en la comisión creada con Cierval sobre impagos a empresas y patronales, que aquí no cobra nadie del Impiva que fue, en la reunión prevista para finales de mes? Al menos Moragues ha salvado el match ball de una entidad financiera con la que tenía un crédito vencido de 70 millones desde febrero.

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