EN EL PLANO EMPRESARIAL, no se debate el déficit asimétrico. Por mucho que, en boca de algún dirigente valenciano, «sólo queda darle a Rajoy las llaves de la Comunidad, y enseñarle a Monago un dedo de la mano». No es un asunto que hayan podido debatir nuestros líderes patronales en CEOE, donde las aguas bajan más revueltas que nunca. Un motivo más, evidentemente, para el mosqueo general con Juan Rosell. Tiene metida a la organización en porfías internas, como una reforma de los estatutos que entretiene mucho a los secretarios generales, o en agravios sobrevenidos, como la nueva ley de Cámaras, un misil en la línea de flotación del sucesor de Cuevas. Simplemente, no gusta esta ley. Pese a los esfuerzos de Morata por templar ánimos, no es sexy. Porque mandarán más los que más paguen («el Comité Empresarial para la Competitividad controlará la Cámara de España») y el lazo del Gobierno regional no sólo no se suaviza, sino que se tensará.
En estas están los de la foto, mientras un porcentaje mayoritario de empresarios describen atónitos en las reuniones de CEOE lo que podría definirse como el vacío de mercado. El silencio. Nada, no se mueve nada, los centros de trabajo están al 50% de su capacidad, a excepción de los exportadores y los que orbitan en torno a alguna cadena de distribución y ya sabemos todos de quién estoy hablando. Y qué mona Merkel anunciando 1.200 millones en créditos a pymes españolas.
Se quiere más esfuerzo reivindicativo de Fabra en Moncloa y Génova, y de Isabel Bonig en Fomento. El caso es estar bien atentos. Que depositas toda la confianza en el Icex y desmantelas tu red exterior, y va el Icex y te saca un convenio que prohíbe a las empresas ir a la misma feria más de cinco veces, o impide a las organizaciones sectoriales dar algunos servicios. Hasta 40 patronales se levantaron en armas y obligaron a CEOE a parar el desaguisado. En estas cosas hay que estar.
En silencio trabaja el director general de Feria Valencia, Enrique Soto, un hombre con sello CEV, muy próximo a Salvador Navarro. Está haciendo una discreta ronda para explicar la institución a quien tiene que conocerla. Ya ha estado con Compromís, y la semana que viene recibirá a Ximo Puig, días antes de que abra Teyoland, que el líder del PSPV visitará en exclusiva, oye. Les vende a todos que la actual estructura ferial hay que modernizarla, que Barcelona tiene dos sociedades, una ruinosa para financiar el recinto, y otra tan estupenda para la labor comercial. Y algo habrá que hacer aquí, con permiso de la seño. Quizás algo... igual.
jueves, 30 de mayo de 2013
lunes, 27 de mayo de 2013
La bebida del embajador, la charla Navarro-Pujalte y los desafíos de Buch
ACOSTUMBRADOS a que te pidan hora para admirar el rovell de l’ou, la imagen de 200 empresas valencianas, y de alguna institución como la Feria (cuya facturación comercial en 2012 rondó los 20 millones), esperando turno, deslizándose hacia la silla libre, explicándose, vendiendo hasta la horchata a embajadores y agregados comerciales del mundo árabe en el Astoria, demuestra que la iniciativa privada ha hecho ya la cura de humildad necesaria. Frente a ellos, diplomáticos con expresión abrumada, llegados a Valencia gracias a la ingeniosa iniciativa del presidente de Cierval, José Vicente González, y de su gancho, el embajador de Argelia, país con la legación decana en Madrid. Ninguno tan cotizado como el de Emiratos Árabes, alguno con problemas para articular palabra... que el vino en España, quizás no lo sabían, sí lleva alcohol. Y a intercambiar tarjetas y ya verá las oportunidades de inversión en mi país. Hoy todo es fuera.
Los clásicos decían que la humildad es la verdad, y algunos empiezan a darle más importancia al contenido que a las formas. El que más se significa es el presidente de los empresarios valencianos, Salvador Navarro, que lleva dos de dos: Palacio de Congresos y SGR. Al parecer, su siguiente objetivo es la nueva ley de las Cámaras de Comercio. Al menos eso se desprende del intenso intercambio de impresiones que tuvo hace unos días en el restaurante Belgravia con el diputado nacional del PP y ex directivo cameral Vicente Martínez Pujalte. Al poco, apareció el borrador de la Ley de Cámaras, que conduce directamente, y ya estamos otra vez, a la Generalitat, que será la que decida qué sectores económicos entran en el pleno. Y no caben todos los que están, y convendría darle un nuevo aire a la cosa, y José Vicente Morata está por la labor de dar cabida a las nuevas formas de la economía, y los votos del comercio qué. O sea, jaleo.
Lo que le faltaba a la Conselleria de Máximo Buch, que tiene sobre la mesa dos problemas gravísimos: la irresponsable amenaza de huelga de los pilotos de Air Nostrum, en plena negociación de los Serratosa para dar entrada a nuevos socios en el capital; y la negativa de Thyssen a sentarse a hablar con Arcelor Mittal sobre la venta de Galmed Sagunto. A lo que se suma un desafío grave, a medias con Hacienda: ¿Qué dirán en la comisión creada con Cierval sobre impagos a empresas y patronales, que aquí no cobra nadie del Impiva que fue, en la reunión prevista para finales de mes? Al menos Moragues ha salvado el match ball de una entidad financiera con la que tenía un crédito vencido de 70 millones desde febrero.
Los clásicos decían que la humildad es la verdad, y algunos empiezan a darle más importancia al contenido que a las formas. El que más se significa es el presidente de los empresarios valencianos, Salvador Navarro, que lleva dos de dos: Palacio de Congresos y SGR. Al parecer, su siguiente objetivo es la nueva ley de las Cámaras de Comercio. Al menos eso se desprende del intenso intercambio de impresiones que tuvo hace unos días en el restaurante Belgravia con el diputado nacional del PP y ex directivo cameral Vicente Martínez Pujalte. Al poco, apareció el borrador de la Ley de Cámaras, que conduce directamente, y ya estamos otra vez, a la Generalitat, que será la que decida qué sectores económicos entran en el pleno. Y no caben todos los que están, y convendría darle un nuevo aire a la cosa, y José Vicente Morata está por la labor de dar cabida a las nuevas formas de la economía, y los votos del comercio qué. O sea, jaleo.
Lo que le faltaba a la Conselleria de Máximo Buch, que tiene sobre la mesa dos problemas gravísimos: la irresponsable amenaza de huelga de los pilotos de Air Nostrum, en plena negociación de los Serratosa para dar entrada a nuevos socios en el capital; y la negativa de Thyssen a sentarse a hablar con Arcelor Mittal sobre la venta de Galmed Sagunto. A lo que se suma un desafío grave, a medias con Hacienda: ¿Qué dirán en la comisión creada con Cierval sobre impagos a empresas y patronales, que aquí no cobra nadie del Impiva que fue, en la reunión prevista para finales de mes? Al menos Moragues ha salvado el match ball de una entidad financiera con la que tenía un crédito vencido de 70 millones desde febrero.
lunes, 20 de mayo de 2013
Auditar Sudokus
"DEFINAME LAS TRES debilidades principales de su
entidad financiera / ¿Puede explicarme una operación analizada en el último
consejo de administración al que usted haya asistido? / ¿Qué riesgo representa
para la entidad la empresa con la que ha suscrito ese préstamo?" Y en ese
plan. Este es el tipo de preguntas que están teniendo que contestar los
consejeros valencianos en órganos de gobierno de entidades financieras, que
haberlos, todavía los hay. El Banco de España ha iniciado una ronda de auditorías
de gobernanza de ese tenor para rastrillar la piel de toro. Que buena falta
hubiera hecho antes. Porque ahora es inevitable preguntarse si Linde habría
cesado a la amplia mayoría de consejeros de bancos y cajas que llegaban sin
haberse leído ni un papel, o con las consignas dictadas por aquel Fouché de
Bancaja que fue Vicente Palacios, hoy patrono de la Fundación. Ente parado
éste, la última casa de Aurelio Izquierdo.
Lejos queda la polémica por los 7,6 millones en derechos
de pensiones del ex director general de Bancaja y ex consejero delegado del
Banco de Valencia. Izquierdo sigue yendo a trabajar al edificio de la plaza
Tetuán, aparentemente porque es el único intermediario con conocimiento de
causa entre el presente y el pasado, "el que sabe dónde están las
cosas". El futuro es una incógnita tanto para él como para la entidad, o
su remedo en forma de fundación. Si algo sobra en la Comunidad Valenciana (el
problema es que resultan difícilmente exportables) son ex directivos de
entidades financieras. Que tampoco ha cuajado el invento de Juan Antonio
Gisbert en Madrid, y anda de vuelta por Alicante después de haber recibido de
Cajamar una indemnización muy por debajo de sus aspiraciones, y todavía más
alejada de aquel generoso finiquito de la CAM de hace 12 años. Tal que un 95%
menos. Son otros tiempos, oye.
Traición y apellido
NI SIQUIERA ante un auditorio potencialmente proclive, como que esperaba la salida de la Virgen de los Desamparados, se siente cómoda hoy la elite política del PP valenciano. Ese era el comentario de los invitados que compartieron la espera con Barberá, Fabra y Cotino y sus respectivas y no siembre bienavenidas cortes, en la sede del Tribunal de las Aguas. Representantes del cuerpo consular en Valencia (muchos de ellos abogados conocidos) y altos mandos de los tres Ejércitos y de la Guardia Civil no ocultaban su sorpresa. Ningún político se atrevió a asomarse al balcón, ninguno rompió la manada para conversar con ellos. Una imagen perfecta del distanciamiento cada vez mayor de aquel partido de las mayorías absolutas y las adhesiones inquebrantables. Una lejanía que se ha buscado solo, aceptando conductas irregulares con apellido ilustre y alentando la división interna. «Rita no debería volver a presentarse», dice una destacada y muy próxima voz empresarial, «pero ella quiere hacerlo, y retirarse después». Los empresarios, oye.
No hay peores fantasmas que los del miedo a ser traicionado. Quien lo dude debería haber reservado hace unos días en Abadía d’Espí, próximo a la Conselleria de Hacienda, en el que recaló el presidente de la Diputación de Castellón, Javier Moliner, tras lo que parecía haber sido una intensa mañana en la Generalitat. No le hacía falta altavoz para que el resto de comensales escucharan sus quejas. Que si estamos dispuestos a colaborar, pero no a cualquier precio. Que si nadie se quedará el aeropuerto sin los terrenos, porque el negocio de verdad no es el aeroportuario. Que si han querido venderlo por la prensa y hay que hacerlo bien, con subasta. Que si llevo dos años y todavía no entiendo lo del préstamo participativo y estos que acaban de llegar piensan que lo saben todo. Que si con Carlos ellos tenían sobre quién descargar la tensión y ahora es diferente. Que si (y esta es la clave de la historia) a quien se culpará si las cosas se hacen mal no será a la Diputación, sino al presidente, porque aquí pagan las personas y no las instituciones. La carcoma que corroe al PP es ya el propio partido.
Y si había suspicacias entre las grandes fortunas locales a propósito del Banco de Valencia, ha llegado la alcaldesa a tensar más la cuerda. O eso es lo que se interpreta a la vista de que casas como la de los Carpi, tan próxima a Barberá, o los Gómez Trénor, entren en el consejo de Aguas de Valencia. Un gesto, un mensaje de apoyo a Calabuig quizás, frente a CaixaBank. Pero un agravio también para las otras familias que se niegan a dejar pasar la gestión realizada en el banco sin culpables. Las mismas que ya están preparándose para adherirse a las querellas en cuanto se admitan a trámite.
No hay peores fantasmas que los del miedo a ser traicionado. Quien lo dude debería haber reservado hace unos días en Abadía d’Espí, próximo a la Conselleria de Hacienda, en el que recaló el presidente de la Diputación de Castellón, Javier Moliner, tras lo que parecía haber sido una intensa mañana en la Generalitat. No le hacía falta altavoz para que el resto de comensales escucharan sus quejas. Que si estamos dispuestos a colaborar, pero no a cualquier precio. Que si nadie se quedará el aeropuerto sin los terrenos, porque el negocio de verdad no es el aeroportuario. Que si han querido venderlo por la prensa y hay que hacerlo bien, con subasta. Que si llevo dos años y todavía no entiendo lo del préstamo participativo y estos que acaban de llegar piensan que lo saben todo. Que si con Carlos ellos tenían sobre quién descargar la tensión y ahora es diferente. Que si (y esta es la clave de la historia) a quien se culpará si las cosas se hacen mal no será a la Diputación, sino al presidente, porque aquí pagan las personas y no las instituciones. La carcoma que corroe al PP es ya el propio partido.
Y si había suspicacias entre las grandes fortunas locales a propósito del Banco de Valencia, ha llegado la alcaldesa a tensar más la cuerda. O eso es lo que se interpreta a la vista de que casas como la de los Carpi, tan próxima a Barberá, o los Gómez Trénor, entren en el consejo de Aguas de Valencia. Un gesto, un mensaje de apoyo a Calabuig quizás, frente a CaixaBank. Pero un agravio también para las otras familias que se niegan a dejar pasar la gestión realizada en el banco sin culpables. Las mismas que ya están preparándose para adherirse a las querellas en cuanto se admitan a trámite.
jueves, 2 de mayo de 2013
Prometeos
SI HUBIERA QUE ESCOGER a un nuevo Prometeo para robar el fuego a los dioses, no habría candidato mejor que Isidro Fainé. Esa sería mi sugerencia. Apuesto a que tras la hazaña, y lejos de castigarlo, Zeus se vanagloriaría ante su corte olímpica de haber hecho un buen negocio. De naturaleza simpática y agudísima inteligencia, el presidente de CaixaBank recibe en su sede en Barcelona. Es amable y obsequioso. Luego están los negocios. Un destacado colaborador en los procesos de absorción de CAM y Banco de Valencia asegura que, frente a los circunloquios del Sabadell, el desembarco de CaixaBank está siendo demoledor, sin concesiones, afilado como un bisturí, radical. 350 profesionales fuera en un abrir y cerrar de ojos.
Entonces, ¿por qué Fainé se pone incómodo cuando se le pregunta sobre Aguas? Y también su perspicaz consejero delegado, Juan María Nin. Alguien podría pensar que, no existiendo provocación, excusatio non petita, accusatio manifesta. ¿O sí hay hostilidad? Quizás Fainé crea que se está prejuzgando a CaixaBank como enterradora de la valencianía de la empresa («soy un valenciano del norte», desbordó). Tal vez piensa que se le atribuye a CaixaBank una iniciativa reservada al Consell y la alcaldesa Barberá. En fin. Desde la cúpula de Bibiano Martínez en Valencia emanan dos ideas: a CaixaBank le gusta Aguas, le parece un «empresón», si se gestiona bien; y es Fainé quien tiene la llave de la valencianía, no Eugenio Calabuig.
A nivel local, cada vez son más las voces empresariales que destacan el valor prometeico del presidente de la CEV, Salvador Navarro, que lidera un equipo capaz de reinventar la influencia política. Después de su valiente posición en el Palacio de Congresos, la solución al nudo gordiano de la SGR, en alianza con partidos políticos, sindicatos y patronales provinciales, es otro gran éxito de la CEV bajo su mandato. Su legitimidad ha crecido y ya ronda por su cabeza hacer cambios en la ejecutiva que heredó de José Vicente González. La mitad de sus miembros acaban mandato ahora, y además del relevo forzoso de Juan Eloy Durá es previsible que haya más cambios en el próximo año. Muy probable el de Antonio Baixauli. Y alguno más. Hay que renovar.
Y apuntes sobre la gestión del Consell: reconforta saber que a algunos directores generales, a falta de dinero, se les ha «puesto a trabajar en serio», que la buena vida se acabó; y algunos advertirmos que era un grave error prescindir de un experto como Román Ceballos en Trabajo antes de reestructurar el sector público. La Justicia ya ha tumbado dos ERE. ¿Veis?
Entonces, ¿por qué Fainé se pone incómodo cuando se le pregunta sobre Aguas? Y también su perspicaz consejero delegado, Juan María Nin. Alguien podría pensar que, no existiendo provocación, excusatio non petita, accusatio manifesta. ¿O sí hay hostilidad? Quizás Fainé crea que se está prejuzgando a CaixaBank como enterradora de la valencianía de la empresa («soy un valenciano del norte», desbordó). Tal vez piensa que se le atribuye a CaixaBank una iniciativa reservada al Consell y la alcaldesa Barberá. En fin. Desde la cúpula de Bibiano Martínez en Valencia emanan dos ideas: a CaixaBank le gusta Aguas, le parece un «empresón», si se gestiona bien; y es Fainé quien tiene la llave de la valencianía, no Eugenio Calabuig.
A nivel local, cada vez son más las voces empresariales que destacan el valor prometeico del presidente de la CEV, Salvador Navarro, que lidera un equipo capaz de reinventar la influencia política. Después de su valiente posición en el Palacio de Congresos, la solución al nudo gordiano de la SGR, en alianza con partidos políticos, sindicatos y patronales provinciales, es otro gran éxito de la CEV bajo su mandato. Su legitimidad ha crecido y ya ronda por su cabeza hacer cambios en la ejecutiva que heredó de José Vicente González. La mitad de sus miembros acaban mandato ahora, y además del relevo forzoso de Juan Eloy Durá es previsible que haya más cambios en el próximo año. Muy probable el de Antonio Baixauli. Y alguno más. Hay que renovar.
Y apuntes sobre la gestión del Consell: reconforta saber que a algunos directores generales, a falta de dinero, se les ha «puesto a trabajar en serio», que la buena vida se acabó; y algunos advertirmos que era un grave error prescindir de un experto como Román Ceballos en Trabajo antes de reestructurar el sector público. La Justicia ya ha tumbado dos ERE. ¿Veis?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)