OLVIDEN POR UNA DÉCADA al sector inmobiliario. «Cuando empezó el boom del 2000, aún nos quedaba producto de la crisis de los 90 por vender», dice un ex consejero de Bancaja. Sólo podrá aspirar a financiación quien acuda a la banca con el 70% de la promoción ya vendida, y los notarios y registradores coinciden: «No es que los precios hayan bajado un 38%, es que se paga un 38% de lo que valían». En fin. Olvídense del ladrillo. De modo que aquí estamos, en un momento crucial, con el futuro a la espalda, perdidos en la sombra de nuestras propias ruinas. Y no queda otra que hacer de la necesidad virtud, esta puede ser la «noche amable más que la alborada» de San Juan de la Cruz, esta generación lleva la impronta del ave fénix.
Así suena ya el discurso empresarial en los cenáculos valencianos, que han demostrado ir dos años por delante del debate político. Con una financiación autonómica aceptable, y liberada de los lastres presupuestarios de RTVV y demás frivolidades del ex presidente Camps, el hombre tras la máscara veneciana que mira sin ser visto, la Generalitat podrá centrarse en la digestión de la elefantiásica deuda acumulada, y generar margen para invertir. Otros, igual de arruinados, alardean de salvar los muebles, pero seguirán atados a hipotecas que el Consell ya no tiene.
El liderazgo empresarial dependerá de la capacidad para anteponer el interés general a los protagonismos. Hay quien propone una buena selección de directivos, el futuro está en manos de los gestores, la dedicación que necesita la reconstrucción es absoluta: Enrique Soto (Feria), Javier López Mora (Cierval), Ricardo Miralles (CEV), Jorge Linares (Cámara), Diego Lorente (AVE). Alguno podría necesitar relevo. El renacimiento es el paradigma.
Entre lo que hay por venir, dos apuestas serias: El presidente de la patronal valenciana, Salvador Navarro, podría ser el perfil idóneo para la integración de todos en Cierval. Lo ha hecho en su casa con Cepymev. Y después está Caixa Ontinyent. Ay, los Soriano. Han sido capaces de convencer al mundo (¡hasta al Follonero!) de que lo suyo es fruto de la prudencia y la inteligencia. Y que nadie mire la composición del consejo familiar. Ya tiene mérito. La Ley de Cajas podría forzar nuevas elecciones en primavera, y es la única entidad financiera no cooperativa que nos queda. La única que puede dar comienzo a un nuevo banco de base empresarial. Porque lo que haya que hacer deben liderarlo los empresarios, fuera políticos, y se debe conseguir por la vía del convencimiento. La gran tarea empieza en Ontinyent. Así se ve en Valencia.
domingo, 24 de noviembre de 2013
martes, 19 de noviembre de 2013
El consejo
"ME EQUIVOQUÉ al analizar la crisis. No supe ver dos
cosas: su duración —le dije a todos que acabaría en otoño de 2011— y su poder
transformador: es como si alguien recoge todas las cartas de la baraja en mitad
de la partida y cambia las reglas del juego, ahora la principal regla a tener
en cuenta es la concentración de la distribución". Al final sabrán qué
empresario me hizo esta confesión en un hotel de Valencia el pasado lunes, pero
lo importante es el fondo de su reflexión. En el sector financiero se insiste,
contra los escépticos como yo, que la banca española mantendrá 42 marcas
comerciales, pero acabará dirigiéndose desde no más de cinco consejos de
administración. Y lo mismo en el negocio minorista. Miren la bulliciosa calle
Colón, los consejos de administración que deciden su futuro se cuentan con los
dedos en una mano. A nivel global el fenómeno es todavía más brutal.
En la Comunidad sólo existe un consejo que influya en el
destino de un sector importante en España. Es obviamente el de Mercadona. Su
encaje en la sociedad económica y política es, por eso, algo estratégico. A no
pocos les sorprendió la actitud de la patronal de los supermercados en el
último Observatorio de Comercio, metiéndole presión al conseller de Economía,
Máximo Buch, a propósito de los festivos con licencia de apertura. Pese a que
la ley marca un mínimo de 10, supermercados y comercios pidieron que se
siguiera la estela de las regiones que han decido rebajarlos a siete por la
excepcionalidad de la crisis. Buch fue tensionado, y demostró que hay una línea
roja que no está dispuesto a traspasar, la de su lealtad hacia el secretario de
Estado de Comercio, Jaime García Legaz, con quien ha entablado una buena
relación, y mejor no romperla en su etapa tierna.
O el Grado ADE para Emprendedores de la escuela de
negocios Edem, global sponsor del incomparable Emtech, el foro de tecnologías
emergentes vinculado al MIT que se clausura en Valencia. Al pulsar el logo
de Edem en la página oficial del evento se accede a una presentación del Grado
ADE para Emprendedores, y resulta que por esa vía uno llega, y no al revés, a
la Universitat de València, en algunos de cuyos departamentos no se oculta el
malestar por la competencia que le ha salido a la Facultad de Económicas. La
facultad donde, en teoría, se enseña a competir. En Edem quitan hierro: su
Grado está especializado en emprendimiento y tiene a empresarios en el
claustro.
La reflexión inicial es de Alberto Catalá.
Ikea y Nou
TE LLEVAN a Madrid y descubres que compites con un grupo pequeño de personas por un puesto de jefe de área en la nueva tienda de Ikea en Alfafar. A primera hora entras en su sede central en España, permanecerás aislado en una sala amplia hasta las seis de la tarde. El entrevistador te muestra dos fotografías: una cola del paro y una imagen de la familia Alcántara, la de Cuéntame. Te preguntas: ¿Qué tienen que ver Imanol Arias y compañía con Ikea? Y llega la prueba clave de la agencia de selección Hays: Debes diseñar una estancia a partir de una serie de elementos del catálogo. Vuelves a casa.
Una cola del paro y la familia Alcántara. Quizás la tienda de Alfafar sea el símbolo de un cambio de ciclo. Ambas son imágenes poderosas que ilustran el camino perdido en esta crisis infausta, que nos deja sin buena parte de la arquitectura institucional levantada por la economía durante el pasado siglo. Y que amenaza con deshacer como un azucarillo el andamiaje cultural construido en torno a RTVV.
Su cierre es un fracaso colectivo, como tal debe experimentarse. Canal 9 ha tenido, tiene, brillantes destellos, pero los ha ahogado una y otra vez en una tenaz deriva hacia la persuasión, el sentimentalismo epidérmico, la dignidad vendida. Al paso que va morirá así, lamentablemente. Ojalá fuera posible la salvación económica y cultural del ente. Ojalá podamos ver, si no, un hermoso canto del cisne, una epifanía que haga honor al valor real de muchos profesionales de la casa que no han desplegado estos años, porque no se les pidió y quizás tampoco osaron arriesgar, sus grandes alas blancas. Ojalá la mayoría puedan seguir prestando el servicio público, aunque sea —RTVV se usará siempre como ejemplo de que una sociedad pública no es garantía de independencia y rectitud de criterio— en una empresa privada, como parece.
En la propuesta de indemnización de 45 días se percibe la huella de alguien con acceso directo a Alberto Fabra, quizás la misma persona que adivinó el acuerdo con los sindicatos para el cierre de Galmed en Sagunto: «Thyssen hará a la plantilla una oferta que no podrá rechazar».
Por cierto que la sede de la CEV sirvió de plató el fin de semana para el cortometraje Bikini, de Óscar Bernacer. Cuenta la historia del alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, excomulgado en 1953 por Pío XII al permitir los bikinis en sus playas. Zaragoza viajó en Vespa al Palacio del Pardo (el que recrea la CEV) para pedir a Franco que le ayudase a potenciar la incipiente industria turística. Ese año se firmó el Concordato, no les digo más.
Una cola del paro y la familia Alcántara. Quizás la tienda de Alfafar sea el símbolo de un cambio de ciclo. Ambas son imágenes poderosas que ilustran el camino perdido en esta crisis infausta, que nos deja sin buena parte de la arquitectura institucional levantada por la economía durante el pasado siglo. Y que amenaza con deshacer como un azucarillo el andamiaje cultural construido en torno a RTVV.
Su cierre es un fracaso colectivo, como tal debe experimentarse. Canal 9 ha tenido, tiene, brillantes destellos, pero los ha ahogado una y otra vez en una tenaz deriva hacia la persuasión, el sentimentalismo epidérmico, la dignidad vendida. Al paso que va morirá así, lamentablemente. Ojalá fuera posible la salvación económica y cultural del ente. Ojalá podamos ver, si no, un hermoso canto del cisne, una epifanía que haga honor al valor real de muchos profesionales de la casa que no han desplegado estos años, porque no se les pidió y quizás tampoco osaron arriesgar, sus grandes alas blancas. Ojalá la mayoría puedan seguir prestando el servicio público, aunque sea —RTVV se usará siempre como ejemplo de que una sociedad pública no es garantía de independencia y rectitud de criterio— en una empresa privada, como parece.
En la propuesta de indemnización de 45 días se percibe la huella de alguien con acceso directo a Alberto Fabra, quizás la misma persona que adivinó el acuerdo con los sindicatos para el cierre de Galmed en Sagunto: «Thyssen hará a la plantilla una oferta que no podrá rechazar».
Por cierto que la sede de la CEV sirvió de plató el fin de semana para el cortometraje Bikini, de Óscar Bernacer. Cuenta la historia del alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, excomulgado en 1953 por Pío XII al permitir los bikinis en sus playas. Zaragoza viajó en Vespa al Palacio del Pardo (el que recrea la CEV) para pedir a Franco que le ayudase a potenciar la incipiente industria turística. Ese año se firmó el Concordato, no les digo más.
jueves, 31 de octubre de 2013
No cruzará el puente de plata
HASTA PARA analizar la dimisión de Alberto Catalá se alude a los nuevos tiempos que se abren en la relación entre patronales y Cámaras de Comercio. Hay quien ve en la escena un puente de plata para la salida de José Vicente González de la presidencia de una Cierval desestabilizada, según algunos, por el viaje a ninguna parte de Alicante y los recelos de Castellón. En última instancia, la operación serviría para dejar todo el protagonismo, si fuera cierto el guión, al eje cada día más consolidado entre el presidente de la Cámara, José Vicente Morata, y el de la patronal provincial valenciana CEV, Salvador Navarro.
Pero la versión se cae por uno de sus extremos, dicen los próximos a González, porque éste nunca preferirá la Feria a Cierval, y por extensión a la vicepresidencia de la CEOE, en la que tan bien se mueve. Lo cual no es impedimento para que los lazos entre CEV y Cámaras se estrechen más y más, y lo que te contaré de aquí a final de año. Un movimiento que, por sí solo, obligará a repensar a Cierval. Quizás consiga despertar de nuevo la fe de todas las provincias en el proyecto autonómico; quizás logre aflorar un compromiso real de todos para que Cierval no tenga un papel secundario. Cualquier otra cosa sería un error.
El hecho es que los empresarios de Valencia trabajan desde hace tiempo en un pacto en firme para el reparto de papeles entre la patronal y la Cámara. Una, por su capilaridad, tiene acceso a muchas más empresas; y la otra asumirá pronto servicios de la Administración y, con ellos, sus fondos. Se habla de todo. Incluso de la famosa FP Dual, que podrían gestionar las patronales sectoriales, siempre que las Cámaras se queden con la certificación, que es lo que les interesa. Un pacto Cámara-CEV para empezar, negro sobre blanco, susceptible de ser elevado a la Generalitat para que ésta sepa, al redactar las nuevas normativas, qué límites se han repartido los empresarios; un acuerdo con vocación de saltar después a Alicante y Castellón, si éstas quieren, claro.
Los líderes autonómicos están obligados a comprender su nueva función. También los sindicales. Paco Molina lo vio desde el principio en CCOO, mientras Conrado Hernández busca el timón del barco. Pronto celebrarán sus congresos las federaciones del metal (MCA) y los servicios públicos (FSP). En la primera no habrá batalla para desbancar a Ismael Sáez, se aparca la opción Gonzalo Pino. Hasta la sección de Ford jugará la baza de apoyar la estabilidad... con condiciones.
Pero la versión se cae por uno de sus extremos, dicen los próximos a González, porque éste nunca preferirá la Feria a Cierval, y por extensión a la vicepresidencia de la CEOE, en la que tan bien se mueve. Lo cual no es impedimento para que los lazos entre CEV y Cámaras se estrechen más y más, y lo que te contaré de aquí a final de año. Un movimiento que, por sí solo, obligará a repensar a Cierval. Quizás consiga despertar de nuevo la fe de todas las provincias en el proyecto autonómico; quizás logre aflorar un compromiso real de todos para que Cierval no tenga un papel secundario. Cualquier otra cosa sería un error.
El hecho es que los empresarios de Valencia trabajan desde hace tiempo en un pacto en firme para el reparto de papeles entre la patronal y la Cámara. Una, por su capilaridad, tiene acceso a muchas más empresas; y la otra asumirá pronto servicios de la Administración y, con ellos, sus fondos. Se habla de todo. Incluso de la famosa FP Dual, que podrían gestionar las patronales sectoriales, siempre que las Cámaras se queden con la certificación, que es lo que les interesa. Un pacto Cámara-CEV para empezar, negro sobre blanco, susceptible de ser elevado a la Generalitat para que ésta sepa, al redactar las nuevas normativas, qué límites se han repartido los empresarios; un acuerdo con vocación de saltar después a Alicante y Castellón, si éstas quieren, claro.
Los líderes autonómicos están obligados a comprender su nueva función. También los sindicales. Paco Molina lo vio desde el principio en CCOO, mientras Conrado Hernández busca el timón del barco. Pronto celebrarán sus congresos las federaciones del metal (MCA) y los servicios públicos (FSP). En la primera no habrá batalla para desbancar a Ismael Sáez, se aparca la opción Gonzalo Pino. Hasta la sección de Ford jugará la baza de apoyar la estabilidad... con condiciones.
jueves, 24 de octubre de 2013
¿Y el mirlo blanco?
HAY PALABRAS que pugnan por un lugar preferente en el campo semántico de la salida de la crisis. Pero hay una que las supera a todas en importancia y, como sucede con todo lo que requiere esfuerzo, está aparcada, a modo de solución de emergencia por si fallan todas las demás, y mejor que no lo hagan: La inversión. En el sector privado existe una asimetría entre oferta y demanda de financiación. La banca exige más garantías; y las empresas han ampliado el perímetro de activos que no están dispuestos a jugarse en una operación, que cuando pones patrimonio personal no duermes por la noche. Con tipos de interés todavía por encima del 7%, sólo se estudian operaciones con tasas de retorno de entre el 15% y el 20%. Y ya me dirás dónde se esconde el mirlo blanco. Hay que bajar mucho los precios para que la cosa cuadre. El resultado es un estancamiento inversor, con apenas algunas escaramuzas, que no conviene a nadie. Si esperas al capital exterior, ya sabes a qué atenerte. Y en ese círculo estamos.
No tienen las ideas más claras en el lado de la Administración. «Si vienen fondos de inversión en infraestructuras extranjeros estaré encantada de recibirlos», dice en privado la consellera Isabel Bonig. Pero son tiempos de salir a la búsqueda de dinero, con proyectos atractivos para un mundo global saturado de propuestas de obra pública. En todo caso sería un honor, hasta ahí hemos llegado, que se abriera la puerta de algún despacho en la City de Londres a un político valenciano. Caray, ojalá. Toca encontrar soluciones, resolver problemas sin recursos. Como el Acceso Norte al Puerto de Valencia, que ha perdido la condición de prioritario. «Los empresarios quieren hacer la obra, pero no pagar peajes, sino que se financie vía Presupuestos y eso no puede ser». Se atasca la inversión pública por un colapso de creatividad después de tres años sin licitar.
Entretanto, persisten las dudas sobre la adjudicación de contratos públicos. Las cosas son así. La ciudad de Alicante da tímidos pasos de apertura a compañías valencianas, inaudito, sin desatender su idilio con Enrique Ortiz, claro. Pero el presidente de la Diputación, Alfonso Rus, tiene mucha mejor reputación como dirigente del PP que como gestor de concursos. Y se mira con atención la licitación del servicio de grúa de Rita Barberá. Por no olvidar la búsqueda del comprador del Valencia CF: a los mediadores se les ofrecía un bonus por cerrar con éxito la operación, y algunos le han dicho a quien corresponde que su política es tarifa fija por los servicios y una comisión, y lo otro suena poco serio. Así no hay quien invierta.
No tienen las ideas más claras en el lado de la Administración. «Si vienen fondos de inversión en infraestructuras extranjeros estaré encantada de recibirlos», dice en privado la consellera Isabel Bonig. Pero son tiempos de salir a la búsqueda de dinero, con proyectos atractivos para un mundo global saturado de propuestas de obra pública. En todo caso sería un honor, hasta ahí hemos llegado, que se abriera la puerta de algún despacho en la City de Londres a un político valenciano. Caray, ojalá. Toca encontrar soluciones, resolver problemas sin recursos. Como el Acceso Norte al Puerto de Valencia, que ha perdido la condición de prioritario. «Los empresarios quieren hacer la obra, pero no pagar peajes, sino que se financie vía Presupuestos y eso no puede ser». Se atasca la inversión pública por un colapso de creatividad después de tres años sin licitar.
Entretanto, persisten las dudas sobre la adjudicación de contratos públicos. Las cosas son así. La ciudad de Alicante da tímidos pasos de apertura a compañías valencianas, inaudito, sin desatender su idilio con Enrique Ortiz, claro. Pero el presidente de la Diputación, Alfonso Rus, tiene mucha mejor reputación como dirigente del PP que como gestor de concursos. Y se mira con atención la licitación del servicio de grúa de Rita Barberá. Por no olvidar la búsqueda del comprador del Valencia CF: a los mediadores se les ofrecía un bonus por cerrar con éxito la operación, y algunos le han dicho a quien corresponde que su política es tarifa fija por los servicios y una comisión, y lo otro suena poco serio. Así no hay quien invierta.
Modo pánico
EN MADRID las apuestas se inclinan por que Sheldon Adelson hará público que su proyecto de Eurovegas no recala en España. Aún queda un margen para la esperanza, el que está exprimiendo Ignacio González y todo aquel que puede mover algo. Pero se ve difícil. Si finalmente es que no, «Madrid entrará en modo pánico». Lo dice alguien que conoce a fondo los cenáculos de la capital, «la locomotora española tendrá que decirle al resto del país que no es capaz de crear empleo a corto y medio plazo», al menos el suficiente para una sociedad con 3,5 millones de parados, porque, y ahí está la clave de la historia, «sin Eurovegas se acaba la vía de la economía financiera, y sólo nos queda reconstruir la economía productiva», y ese no es un camino sencillo: «¿Quién va a invertir en España?» El capital entra, pero atraído por los bajos precios. No es inversión transformadora. Esto es el rastro.
La Comunidad debe crear 400.000 empleos para situarse al nivel de una región avanzada media, 325.000 si obrara el milagro de aflorar la mitad de la economía sumergida. Hagan un cálculo: una empresa de tecnología madura como Ford ha invertido 800 millones de euros para conseguir un incremento neto de un millar de personas. A 800.000 euros el puesto de trabajo. En el sector servicios y construcción el ratio es menor, pero ya sabemos que ambos son mucho más sensibles a los ciclos. Una estrategia a largo plazo debe basarse en la reconstrucción de esa rama productiva que empezamos a abandonar en los 80. En el caso de industria con tecnología avanzada, la inversión necesaria para crear un puesto de trabajo se estima entre el millón y los 10 millones de euros. En definitiva, sólo en la Comunidad, para llegar a tasas de paro aceptables, harían falta un par de cientos de miles de millones de inversión. Esa es la realidad. En tal escenario, el déficit de financiación de la Generalitat, siendo un asunto de extrema importancia, suena a cuestión menor. La máxima, principal, irrenunciable, absoluta prioridad es movilizar la inversión, privada, pública o del Espíritu Santo.
No nos quieren. No somos un territorio fiable. Al más alto nivel, al nivel geoestratégico. Restaurar ese crédito internacional debe ser la prioridad política y de la sociedad civil. Constituye el gran desafío de nuestra generación. Si no se consigue, no lo duden, nuestros nietos no tendrán el mismo nivel de vida que nosotros. Las resistencias son enormes. Dicen en Ribera Salud que los socialistas madrileños les advirtieron por burofax de las consecuencias de presentarse al concurso de los hospitales de Madrid. Pánico.
La Comunidad debe crear 400.000 empleos para situarse al nivel de una región avanzada media, 325.000 si obrara el milagro de aflorar la mitad de la economía sumergida. Hagan un cálculo: una empresa de tecnología madura como Ford ha invertido 800 millones de euros para conseguir un incremento neto de un millar de personas. A 800.000 euros el puesto de trabajo. En el sector servicios y construcción el ratio es menor, pero ya sabemos que ambos son mucho más sensibles a los ciclos. Una estrategia a largo plazo debe basarse en la reconstrucción de esa rama productiva que empezamos a abandonar en los 80. En el caso de industria con tecnología avanzada, la inversión necesaria para crear un puesto de trabajo se estima entre el millón y los 10 millones de euros. En definitiva, sólo en la Comunidad, para llegar a tasas de paro aceptables, harían falta un par de cientos de miles de millones de inversión. Esa es la realidad. En tal escenario, el déficit de financiación de la Generalitat, siendo un asunto de extrema importancia, suena a cuestión menor. La máxima, principal, irrenunciable, absoluta prioridad es movilizar la inversión, privada, pública o del Espíritu Santo.
No nos quieren. No somos un territorio fiable. Al más alto nivel, al nivel geoestratégico. Restaurar ese crédito internacional debe ser la prioridad política y de la sociedad civil. Constituye el gran desafío de nuestra generación. Si no se consigue, no lo duden, nuestros nietos no tendrán el mismo nivel de vida que nosotros. Las resistencias son enormes. Dicen en Ribera Salud que los socialistas madrileños les advirtieron por burofax de las consecuencias de presentarse al concurso de los hospitales de Madrid. Pánico.
jueves, 10 de octubre de 2013
Para confiar
ES QUE TODO se reduce a una cuestión de confianza. La futura Fundación Bancaja, hablemos del asunto. Empapelada la fachada con 600 folios de informes del Banco de España que han aflorado gracias al caso Bankia, y que nos muestran a unos gestores e inspectores que o no vieron (los hechos se documentaron hace cinco años), o no reconocieron. Es un problema de confianza, digo. A ver: Si no ocupan el patronato de la nueva Fundación Bancaja los políticos, o sus desinados, quién debe hacerlo en su lugar. ¿De quién fiarse? Primera reflexión en profundidad de esa sociedad civil que esperamos como a Godot y que nunca llega. ¿Cuáles son sus referentes? ¿En qué personalidades e instituciones se refleja? Hay que revisar el tema. Pero en serio ya, no estas cosas que se hacen per a ofrenar... de fondo. Te topas con el juego político local, con la frivolité de unas Cortes en perpetuo estado de contemplación, mientras afuera la economía sobrevive a mordisco puro, y le vuelve a la mente George Steiner: «El símbolo de nuestra era es la conservación de un bosquecillo querido por Goethe dentro de un campo de concentración».
No se nombra al nuevo patronato de la Fundación Bancaja por razones políticas. Pero dígame quién debe ocupar los sillones, en quién está pensando la sociedad civil, que ya es hora de que piense por sí sola. Zafado Serafín Castellano de su asunto judicial, le ha puesto sobre la mesa al PSPV la reforma de la ley electoral, que reducirá el número de diputados. Y algunas cosas más. O es que Ximo Puig quiere que le regale la mitad del patronato de la fundación sin el preceptivo apoyo a lo que hay. Es el tema-trampa. Un pacto asimétrico PP-PSPV, que es como se arreglan aquí las cosas toda la vida.
Cuando esté listo el enjuague se pondrá fin a la trayectoria de Aurelio Izquierdo en la casa. Así se hará. Y con la indemnización millonaria que firmó en su día (salvo el plan de pensiones). A la pregunta de cuál ha sido su papel en la fundación, la respuesta es que alguien tenía que mantener el control de la información de Bancaja en los cajones. Con permiso del ex presidente-presidente Mas Millet. De lo que hay allí puede depender la suerte de imputados del caso Bankia, y ni es juicioso dejarla en manos de la entidad de José Ignacio Goirigolzarri, ni ésta tiene demasiado interés en meterse en más charcos.
No se nombra al nuevo patronato de la Fundación Bancaja por razones políticas. Pero dígame quién debe ocupar los sillones, en quién está pensando la sociedad civil, que ya es hora de que piense por sí sola. Zafado Serafín Castellano de su asunto judicial, le ha puesto sobre la mesa al PSPV la reforma de la ley electoral, que reducirá el número de diputados. Y algunas cosas más. O es que Ximo Puig quiere que le regale la mitad del patronato de la fundación sin el preceptivo apoyo a lo que hay. Es el tema-trampa. Un pacto asimétrico PP-PSPV, que es como se arreglan aquí las cosas toda la vida.
Cuando esté listo el enjuague se pondrá fin a la trayectoria de Aurelio Izquierdo en la casa. Así se hará. Y con la indemnización millonaria que firmó en su día (salvo el plan de pensiones). A la pregunta de cuál ha sido su papel en la fundación, la respuesta es que alguien tenía que mantener el control de la información de Bancaja en los cajones. Con permiso del ex presidente-presidente Mas Millet. De lo que hay allí puede depender la suerte de imputados del caso Bankia, y ni es juicioso dejarla en manos de la entidad de José Ignacio Goirigolzarri, ni ésta tiene demasiado interés en meterse en más charcos.
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