CASI IMPERCEPTIBLE, la recolección de cítricos ha comenzado. Y lo ha hecho corroborando una de las máximas recientes del presidente de Mercadona, Juan Roig, la de que los españoles siguen sin ir a recoger naranja. Entre 40 y 50 euros al día, unos 900 al mes si respeta la lluvia, no resultan suficiente atractivo todavía, de modo que los nacionales continúan en minoría en las cuadrillas. En fin, nunca se había escuchado un lamento tan grave sobre el incierto destino de nuestros cítricos, una actividad económica en la que pudimos ser referente mundial, con mercado de futuros incluido, pero que no hemos sabido gestionar como proyecto colectivo y empieza a desaparecer del paisaje. ERE y concursos de acreedores ya no son un mal exclusivo de las cooperativas y se extienden también a los comercios privados. Parece ser el sino de esta Comunidad, vaya.
Aunque a veces algo se avanza. Las llamadas a una solución pactada en el asunto del Palacio de Congresos germinaron en un pleno de la Cámara de Comercio al que acudió, ¡un año después!, el gerente José Salinas (Morata debió avisar a Navarro). La reunión sirvió para medir la falta de coherencia entre las esferas privada y pública de algunos, y ofreció altavoz al bravo Vicente Blasco, que proclamó: «ni un céntimo público» para ampliar un recinto vacío... ¡más del 80% del año! (¿no lo sabían? Hagan cuentas). Viejo zorro, Alfonso Grau, quiso darle pátina institucional al tema un día después, que es lo mismo que decir que se hizo la foto, pero se tuvo que tragar el aval. Eso es mucho más de lo que hasta hace poco hubiera consentido Rita Barberá.
El tema ha permitido visualizar los estilos y funciones de la posible alianza Cámara-CEV. José Vicente Morata y Salvador Navarro, asesorados por segundos espadas casi siempre comunes, deben coincidir en lanzar el mismo mensaje: no estarán callados, pero sin bravuconadas. Se hablará con argumentos y si hay que pactar, se pactará. Interesante este polo común en un momento en que sus hermanos mayores, CEOE y Consejo Superior de Cámaras, amagan con una batalla de altura. Resulta que los patronos se enteraron de que el Gobierno reformará la Ley de Cámaras para darles la gestión de servicios públicos. Lo que se conoce como modelo continental. Algunos en CEOE alzaron la voz, pero se han encontrado con que personajes como Arturo Fernández son presidentes de patronal y Cámara de Madrid. O sea, que el lío está montado. ¿Reforzará esta prueba aún más a los empresarios valencianos?
jueves, 27 de septiembre de 2012
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Ingreso colectivo
UN EX DIRIGENTE empresarial se sinceraba en privado: «Sólo cuando uno asciende a un cargo de responsabilidad se da cuenta de lo mucho que no puede decir en público por el bien de la organización». Y así llevamos tres décadas. Sólo que, sin dinero líquido que gastar, se devalúa la tinta del boletín oficial y se revaloriza la figura del político pactista. Porque la gran tarea por delante es colectiva. Consiste en generar ingresos. En Hábitat, Fabra vio de primera mano los resultados de las empresas que se plantearon esa cuestión a tiempo y están internacionalizadas. Ahora le toca a él.
Hay quienes se aferran, no obstante, a la soledad egregia y parecen resistirse a los nuevos tiempos, a un mundo que exige capacidad de asociación. Ahí está Rita Barberá, asida todavía a la victoria antigua del rodillo. El PP municipal (la Generalitat lo rechaza) insiste en su ampliación del Palacio de Congresos de 24 millones contra el criterio, si no explícito, sí confeso, de casi toda la oposición (a Calabuig, del PSPV, no le entienden ni en su partido) y de las organizaciones empresariales. Cuatro datos del consorcio en 2011: beneficio contable, 20.000 euros; 105.000 euros en tesorería; 2,21 millones de ingresos de su actividad típica; y 2,4 millones de fondos propios. Natural que lleve meses negociando con la banca.
Será interesante ver, en la otra orilla, cómo recompone el Consell el diálogo social con unas patronales en busca de identidad, y unos sindicatos en desbandada. Otro ERE de más de 30 trabajadores de UGT en agosto pasado, y los despidos se acercan cada vez más al centenar en año y medio. Todo ello ha acerado el tradicional escepticismo de su secretario general, Conrado Hernández.
Y tenemos por delante el gran asunto de los centros de formación, algo más que academias de oficios potenciadas en los días de las vacas gordas, convertidas ahora en un problema inmobiliario de primer nivel. Es conocido el via crucis de los empresarios del metal en Alicante, pero la anécdota sucede en Valencia, en UGT. Resulta que, en los tiempos de Rafael Recuenco, la federación díscola, la FSP, se negó a compartir el amplio centro de formación de Almàssera. Y como había dinero y la difunta Bancaja estaba dispuesta a lo que hiciera falta, se montó uno alternativo en la avenida del Puerto. Dicen en la actual Bankia, que el edificio lo puede perder, aunque Luis Lozano es categórico: sólo gestiona ayudas de formación estatales y está al corriente de los pagos. ¿Cuál caerá antes?
Hay quienes se aferran, no obstante, a la soledad egregia y parecen resistirse a los nuevos tiempos, a un mundo que exige capacidad de asociación. Ahí está Rita Barberá, asida todavía a la victoria antigua del rodillo. El PP municipal (la Generalitat lo rechaza) insiste en su ampliación del Palacio de Congresos de 24 millones contra el criterio, si no explícito, sí confeso, de casi toda la oposición (a Calabuig, del PSPV, no le entienden ni en su partido) y de las organizaciones empresariales. Cuatro datos del consorcio en 2011: beneficio contable, 20.000 euros; 105.000 euros en tesorería; 2,21 millones de ingresos de su actividad típica; y 2,4 millones de fondos propios. Natural que lleve meses negociando con la banca.
Será interesante ver, en la otra orilla, cómo recompone el Consell el diálogo social con unas patronales en busca de identidad, y unos sindicatos en desbandada. Otro ERE de más de 30 trabajadores de UGT en agosto pasado, y los despidos se acercan cada vez más al centenar en año y medio. Todo ello ha acerado el tradicional escepticismo de su secretario general, Conrado Hernández.
Y tenemos por delante el gran asunto de los centros de formación, algo más que academias de oficios potenciadas en los días de las vacas gordas, convertidas ahora en un problema inmobiliario de primer nivel. Es conocido el via crucis de los empresarios del metal en Alicante, pero la anécdota sucede en Valencia, en UGT. Resulta que, en los tiempos de Rafael Recuenco, la federación díscola, la FSP, se negó a compartir el amplio centro de formación de Almàssera. Y como había dinero y la difunta Bancaja estaba dispuesta a lo que hiciera falta, se montó uno alternativo en la avenida del Puerto. Dicen en la actual Bankia, que el edificio lo puede perder, aunque Luis Lozano es categórico: sólo gestiona ayudas de formación estatales y está al corriente de los pagos. ¿Cuál caerá antes?
jueves, 13 de septiembre de 2012
Dumping casero
ESTÁ CLARO que la crisis ha examinado la capacidad real de nuestros gestores públicos, y que no en todos los casos se ha demostrado que la fama de los días de vino y tracas rebrota incólume cuando lo único que queda es un erial. Esta atonía que vuelve locos a los abogados. «Nosotros ganamos si pasan cosas, tanto si le va mal al resto, como si le va bien, pero lo que no soportamos es esta agónica atonía», dicen en privado.
La alcaldesa Rita Barberá es una de las que peor lleva la reválida, para qué vamos a negarlo. No se trata simplemente de que fuera incapaz de ocultar su indignación, hasta hacerla evidente ante todos los que la rodeaban, ya fueran del ambito social, cultural o económico, durante las protestas ciudadanas de las últimas cremàs. «Tranquila, alcaldesa, no te sofoques, son cuatro gatos», le tuvo que decir alguno. Ni de que se olvide ya de disimular esa tendencia suya a dar la espalda en público a Fabra.
El infalible olfato político que la caracterizó durante décadas comienza a fallarle. Cómo si no explicar que desconozca, ni siquiera intuya, que destacados miembros del Consell y dirigentes empresariales ven descabellado ampliar en estos momentos el Palacio de Congresos, una inversión de 24 millones con aval de la segunda ciudad española con mayor deuda por habitante.
La cuerda ya estaba tensa el día que la propia Feria Valencia pidió en privado a la alcaldesa que, bueno, si puede ser, se la incluyera institución en los folletos de promoción municipales. ¿Por qué no estaba? Cosas de la vida. Quizás resulta que faltaba una gestión más independiente del Valencia Convention Bureau.
Al comité ejecutivo ferial le consume la idea de que pese a que su recinto aspira al 2% del negocio de congresos, el de más de 2.000 asistentes, el Palacio de José Salinas, que copa el 98% restante, quiere ampliarse para arañárselo. Y, sobre todo, escama a los empresarios que la cosa ésta de sacar partido a todo lo que se construyó sin saber cómo se iba a rentabilizar haya desembocado en una especie de dumping arquitectónico, con una Ciudad de las Artes, un Ágora y hasta un Puerto regalando espacios (robando clientes a la Feria, incluso) para la celebración de eventos.
Sí, alcaldesa, los empresarios saben y hablan, y el Consell les empieza a dar la razón. No todo es quejarse por el retraso en el cobro de subvenciones, un mantra éste, por otra parte, que empieza a cansar a la sociedad civil.
La alcaldesa Rita Barberá es una de las que peor lleva la reválida, para qué vamos a negarlo. No se trata simplemente de que fuera incapaz de ocultar su indignación, hasta hacerla evidente ante todos los que la rodeaban, ya fueran del ambito social, cultural o económico, durante las protestas ciudadanas de las últimas cremàs. «Tranquila, alcaldesa, no te sofoques, son cuatro gatos», le tuvo que decir alguno. Ni de que se olvide ya de disimular esa tendencia suya a dar la espalda en público a Fabra.
El infalible olfato político que la caracterizó durante décadas comienza a fallarle. Cómo si no explicar que desconozca, ni siquiera intuya, que destacados miembros del Consell y dirigentes empresariales ven descabellado ampliar en estos momentos el Palacio de Congresos, una inversión de 24 millones con aval de la segunda ciudad española con mayor deuda por habitante.
La cuerda ya estaba tensa el día que la propia Feria Valencia pidió en privado a la alcaldesa que, bueno, si puede ser, se la incluyera institución en los folletos de promoción municipales. ¿Por qué no estaba? Cosas de la vida. Quizás resulta que faltaba una gestión más independiente del Valencia Convention Bureau.
Al comité ejecutivo ferial le consume la idea de que pese a que su recinto aspira al 2% del negocio de congresos, el de más de 2.000 asistentes, el Palacio de José Salinas, que copa el 98% restante, quiere ampliarse para arañárselo. Y, sobre todo, escama a los empresarios que la cosa ésta de sacar partido a todo lo que se construyó sin saber cómo se iba a rentabilizar haya desembocado en una especie de dumping arquitectónico, con una Ciudad de las Artes, un Ágora y hasta un Puerto regalando espacios (robando clientes a la Feria, incluso) para la celebración de eventos.
Sí, alcaldesa, los empresarios saben y hablan, y el Consell les empieza a dar la razón. No todo es quejarse por el retraso en el cobro de subvenciones, un mantra éste, por otra parte, que empieza a cansar a la sociedad civil.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Fouché en Bancaja
QUIZÁS no se crea la profecía maya del fin del mundo, lo cual no hace más que confirmar que usted está en su sano juicio, pero hay una fecha marcada en el calendario del Consell que se le parece mucho. Y en esa vaya si puede creer. Es el 12 de septiembre. Ese día el tiempo se detendrá, Europa vivirá el vértigo del jarrón de porcelana en equilibrio al borde de la mesa... el Tribunal Constitucional de Alemania decidirá sobre el fondo de rescate permanente, el MEDE. «Si se opone, se acabó todo, volvemos a la peseta», dice en privado un miembro del Consell. Si da el visto bueno, el grünes Licht, o como quiera que se traduzca eso en alemán, «la solución comenzará». Apunten, pues, la fecha. La moneda está en el aire y el Consell tiene sus fichas sobre el tablero. A Vela no le queda otra.
A día de hoy son más los motivos para ser optimista y, aunque no conviene fiarse, se puede trabajar en el día después, como si fuéramos a salir de esta, vaya. Y ahí está la fundación especial Bancaja, preparándose para nacer. En ello están más o menos explícitamente el conseller Buch, el presidente José María Mas y un invitado insospechado, el ex secretario de la caja, un auténtico Fouché a la valenciana, alguien capaz de mantenerse en el cargo por encima de presidentes y familias políticas: Vicente Palacios. Su ascendencia natural socialista quedó clara en la cena con la que celebró su jubilación en agosto pasado, a la que asistió lo más granado del PSPV en Bancaja, actual y pasado. Pese a ello y pese a que algunos le instaron a que no lo mantuviera, ni José Luis Olivas se decidió a relevarle del puesto. Palacios se va de Bancaja, pero reaparece en la Fundación, a cuyo patronato se incorpora no por el turno extraordinario de empleados (¡está jubilado!), sino por el que le corresponde a la Generalitat. Porque sí, el propio PP le ha propuesto, engrandando así la dimensión del mito.
Y en estas que el presidente de la patronal autonómica, José Vicente González, se presenta en un acto del PSPV. No gustó nada al Consell en pleno inicio del reparto de fondos pendientes (las federaciones sectoriales no ocultan su malestar: ¿por qué cobra antes Cierval?), pero son otros tiempos. La lectura realmente útil es conocer los nuevos puentes de Ximo Puig con el mundo empresarial. Una sorpresa: Arcadi España, economista, fontanero de Carcaixent, ex jefe de gabinete del secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, fajado en Madrid con el impulso de Enrique Guerrero. En ascendente.
A día de hoy son más los motivos para ser optimista y, aunque no conviene fiarse, se puede trabajar en el día después, como si fuéramos a salir de esta, vaya. Y ahí está la fundación especial Bancaja, preparándose para nacer. En ello están más o menos explícitamente el conseller Buch, el presidente José María Mas y un invitado insospechado, el ex secretario de la caja, un auténtico Fouché a la valenciana, alguien capaz de mantenerse en el cargo por encima de presidentes y familias políticas: Vicente Palacios. Su ascendencia natural socialista quedó clara en la cena con la que celebró su jubilación en agosto pasado, a la que asistió lo más granado del PSPV en Bancaja, actual y pasado. Pese a ello y pese a que algunos le instaron a que no lo mantuviera, ni José Luis Olivas se decidió a relevarle del puesto. Palacios se va de Bancaja, pero reaparece en la Fundación, a cuyo patronato se incorpora no por el turno extraordinario de empleados (¡está jubilado!), sino por el que le corresponde a la Generalitat. Porque sí, el propio PP le ha propuesto, engrandando así la dimensión del mito.
Y en estas que el presidente de la patronal autonómica, José Vicente González, se presenta en un acto del PSPV. No gustó nada al Consell en pleno inicio del reparto de fondos pendientes (las federaciones sectoriales no ocultan su malestar: ¿por qué cobra antes Cierval?), pero son otros tiempos. La lectura realmente útil es conocer los nuevos puentes de Ximo Puig con el mundo empresarial. Una sorpresa: Arcadi España, economista, fontanero de Carcaixent, ex jefe de gabinete del secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, fajado en Madrid con el impulso de Enrique Guerrero. En ascendente.
viernes, 31 de agosto de 2012
Reconstrucción
CAMINAMOS sobre cenizas, pero al menos, o quizás forzosamente, caminamos. El primer mes de agosto tranquilo desde el de 2006 insuflará seguramente algo de serenidad a una economía que, con gloriosas y deslumbrantes excepciones, puede al fin observar con calma las ruinas y afrontar el reto de su refundación. Qué queremos ser, es la gran pregunta que debe hacerse a partir de ahora la Comunidad Valenciana, mucho de cuyo territorio más valioso va a acabar en cuestión de días centrifugado a ese banco malo incógnito, que se quedará activos de la banca, pero ¿también al personal que se dedicaba a gestionarlos, que es lo que inquieta a muchos buenos profesionales a día de hoy?
Bankia parece haber marcado la senda, al comunicar elegantemente por carta, en julio, sin más explicaciones, el cese en sus cargos a la cúpula que fue de Bancaja Habitat, incluido el aún consejero de la caja, Ángel Villanueva. A partir de ahora, la entidad de Goirigolzarri se sentará en los consejos de administración de las 200 sociedades, ¡200!, que comparte con empresarios locales, por decirlo suavemente... con otra cara.
Porque la clave es si la reconstrucción por venir surge de nuestras entrañas o nos viene dada, como casi siempre. De esto saben bien los empresarios alicantinos, que están comprobando cómo también el Sabadell implanta a toda prisa en el territorio CAM su modelo profesional de banca. A Alicante se ha ido su hasta ahora hombre fuerte en Valencia para la gestión de activos, José Bononat, a regir las cuatro provincias en las que se ha dividido ese territorio a esos efectos —una de ellas, Benidorm, ella solita bien vale una UGA—, a acabar con esa forma de entender las relaciones con los promotores que a tantos malentendidos ha conducido: «no, quien manda no eres tú, soy yo». Malditos pronombres.
En los despachos valencianos, pónganle la actividad liberal que quieran, desde dentistas, a concursales, laboralistas, consultores, lo que quieran, sigue la inquietud por la ola de canibalismo en el que están inmersos. También los notarios. Hay quien gana, como Carlos Pascual —fedatario público en las juntas de Bankia y Banco de Valencia—, que vive su mejor año desde 2007, con un crecimiento de actividad del 33%, ya que la cuestión es que la crisis está provocando la concentración del negocio en menos despachos. Otros pierden, tal que los colegas que han tenido que salvar ya in extremis varios concursos necesarios.
Bankia parece haber marcado la senda, al comunicar elegantemente por carta, en julio, sin más explicaciones, el cese en sus cargos a la cúpula que fue de Bancaja Habitat, incluido el aún consejero de la caja, Ángel Villanueva. A partir de ahora, la entidad de Goirigolzarri se sentará en los consejos de administración de las 200 sociedades, ¡200!, que comparte con empresarios locales, por decirlo suavemente... con otra cara.
Porque la clave es si la reconstrucción por venir surge de nuestras entrañas o nos viene dada, como casi siempre. De esto saben bien los empresarios alicantinos, que están comprobando cómo también el Sabadell implanta a toda prisa en el territorio CAM su modelo profesional de banca. A Alicante se ha ido su hasta ahora hombre fuerte en Valencia para la gestión de activos, José Bononat, a regir las cuatro provincias en las que se ha dividido ese territorio a esos efectos —una de ellas, Benidorm, ella solita bien vale una UGA—, a acabar con esa forma de entender las relaciones con los promotores que a tantos malentendidos ha conducido: «no, quien manda no eres tú, soy yo». Malditos pronombres.
En los despachos valencianos, pónganle la actividad liberal que quieran, desde dentistas, a concursales, laboralistas, consultores, lo que quieran, sigue la inquietud por la ola de canibalismo en el que están inmersos. También los notarios. Hay quien gana, como Carlos Pascual —fedatario público en las juntas de Bankia y Banco de Valencia—, que vive su mejor año desde 2007, con un crecimiento de actividad del 33%, ya que la cuestión es que la crisis está provocando la concentración del negocio en menos despachos. Otros pierden, tal que los colegas que han tenido que salvar ya in extremis varios concursos necesarios.
sábado, 25 de agosto de 2012
El cenobio
DEL CAMBIO de coordenadas en esto de la crisis da cuenta el tránsito efectuado en los últimos meses desde un estadio de partida basado en el imprescindible cálculo del agujero en el sistema financiero y en las cuentas públicas (fijar el dato definitivamente supondría más del 50% de la solución), hasta un nuevo estadio de depuración y castigo a los responsables de ese desaguisado, tarea ésta que nos está sirviendo para certificar la bajeza moral de un porcentaje inasumible de nuestra casta política y de muchos de sus amiguetes y la familia qué tal.
Las consecuencias se conocerán en los próximos meses, que ya está bien y vamos a poner esto en marcha de una vez por todas. Habrá rescates más o menos suavizados y habrá penas de cárcel, ese es el mínimo a partir del cual construir el futuro. Lo difícil será liderar el cambio cultural y la regeneración que necesita esta sociedad, algo para lo que no faltan escépticos. Por poner un ejemplo reciente: es comprensible la indignación de Sánchez Gordillo y sus 'gorillas', su hartazgo (el de todos) está justificado, su modelo cooperativo funciona, dentro de lo que puede funcionar un modelo cooperativo como el de este personaje, y proclamo: no os quedéis en la anécdota del fantoche, escuchad el latir de fondo, el monumental cabreo de una sociedad cansada de sinvergüenzas, no minusvaloréis el fenómeno. Dicho esto, ni Sánchez Gordillo está legitimado para decidir quién tiene que ser el pagano de su indignación, ni es de sentido común que sea precisamente Mercadona... ¡Mercadona! De risa. Tipical spanish. Atacar a Mercadona es el ludismo del siglo XXI, ¡venga ya!, ¡si acaso continúen su bronca destruyendo fibra óptica para aniquilar a Facebook!
Se temen las consecuencias de la depuración que está por venir, y en esto aparece la operación del Valencia CF y la financiación de Bankia para terminar el nuevo Mestalla. Un acuerdo con mucho más cálculo estético que financiero, pensado para valencianizar a Rato, con el que se han encontrado Goirigolzarri y el cenobio europeo que debe inyectar 23.000 millones al banco. De momento, la UTE constructora, FCC y Bertolín, no sabe nada del dinero, lo cual complica mucho que los trabajos empiecen en septiembre. Sí es cierto que han recompuesto plantilla y están llamando a proveedores para elaborar un nuevo presupuesto más económico. Ellos, y otros gigantes de la construcción dispuestos a presentar una factura alternativa. La indemnización por incumplimiento de contrato, la clave.
Líderes y sectores
LLEGARÁN LOS PAGOS, pero las subvenciones no volverán en un tiempo. Las organizaciones empresariales, como los proveedores, recibirán lo que se les adeuda y obtendrán el alivio financiero que necesitan para abordar su verdadero gran desafío: redefinir su papel y reposicionar los liderazgos. A nadie se le oculta que el actual equilibrio de patronales, cámaras y lobbies forma parte del pasado y que su viabilidad está condicionada al descubrimiento del nuevo rol de cada uno.
No va a ser tarea fácil. Por un lado, la crisis de la construcción y el sector inmobiliario ha concentrado el poder y ha dirigido la estrategia de las organizaciones en torno al sector industrial, el mejor indicativo del grado de desarrollo de una sociedad, pero también el más amenazado por las transformaciones asociadas a la globalización. Fue Steve Jobs quien le dijo Obama que la mano de obra industrial desplazada al Sudeste asiático "no va a volver". Lo cual que en algunos ámbitos del empresariado se apuesta abiertamente por especializarse en determinados servicios, primero, y consolidar un tejido industrial a su alrededor, después. Un debate que tendrán que afrontar sectores como el metal o el mueble, todavía enormemente influyentes en patronales y cámaras.
Por otro lado, está la cuestión de los liderazgos. Asistimos al ocaso de la generación de los fundadores, pero resulta que a sus sucesores no les parece demasiado sexy lo del asociacionismo. Ojo con el fenómeno. A directivos jóvenes, muchos de ellos con estudios en universidades norteamericanas o británicas, con contactos internacionales, en sectores de alto contenido tecnológico, con acceso directo a altos cargos de la Administración, indiferentes a la política de subvenciones, no les provocan excesivo asambleas, juntas directivas, comités ejecutivos o plenos. Son los referentes del cambio cultural que se avecina. Hay que involucrarles en el destino de la Comunidad.
Y por último, quizás sea el momento de replantearse la propia estructura del asociacionismo empresarial, por sectores y territorios cerrados, más representativa del último tercio del pasado siglo. La economía se ha vuelto híbrida, se divierte contaminando a unos sectores con otros. Eso debe reflejarse en un sistema de representación reticular, heterodoxo, desjerarquizado, colaborativo. Hasta entonces, será difícil obviar la sospecha de que el principal motor de cada cual es la supervivencia de su patronal, por encima del conjunto.
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