LAS GANAS que tienen quienes formaron parte, en mayor o menor medida, de las cúpulas de Bancaja y Banco de Valencia de que se conozca lo que realmente sucedió en un grupo que ganaba dinero y que se malogró fundamentalmente por la nefasta influencia del mundo político, local y nacional —esos 2.000 millones fantasma que inyectó de más el Estado en el banco—, pero también por errores de gestión, no necesariamente exclusivos, algunos de sainete —cuántas operaciones se vehiculizaron por el trámite de urgencia, antes de pasar por consejo de administración, tal que el primer préstamo a Martinsa-Fadesa, ¡desde el coche!—.
Uno de los errores menos explicados consistió en pagar una comisión a los agentes de la propiedad inmobiliaria por cada hipoteca intermediada, una dinámica en la que se saltaron todos los precintos de seguridad y prudencia y que acabó contagiando a los directores de oficina. Algo muy similar sucedía en paralelo en Caja Madrid, se sabe bien. De pronto asomaron en la cartera hipotecaria porcentajes de población de alto riesgo inasumibles, y los informáticos levantaron la voz de alarma: con una subida del paro de apenas unos puntos la morosidad se dispararía a dos dígitos, y eso sólo en los primeros estertores de la crisis. Fueron nuestras subprime. Las spanish subprime.
La historia del sistema financiero perdido refleja todas las grandezas y las miserias de nuestra sociedad. Por eso merece ser contada. Pero en su integridad. He ahí la tarea de este 2014 en el que deben sentarse las bases de la regeneración sociopolítica y la recuperación económica valenciana. Muchos creen que habrá que esperar a que se produzcan condenas, si es que las hay finalmente, para que quienes custodian la información relevante, la definitiva, se decidan a hablar. Como todos los procesos se parecen, es una purga similar a la que se incentiva en Gürtel. Y la clave sin la cual no se debe pasar página es la conexión política.
Empresarios con décadas de experiencia no compraban suelo rústico a precio de urbanizado sin una promesa de recalificación, tanto del Ayuntamiento como de quien tenía la última palabra, la Generalitat. Lo hicieron, de hecho, precisamente por eso. Todos los protagonistas, algunos enemigos íntimos entre sí, recitan en reveladora coincidencia los mismos nombres. El de Alicante, el de Valencia, el de Castellón, el de Murcia o el de Madrid. Siempre los mismos nombres. Siempre en los mismos lugares. Siempre las mismas empresas. Siempre el mismo partido. Demasiado pastel para Alberto Fabra si saltan.
jueves, 9 de enero de 2014
jueves, 19 de diciembre de 2013
Ama de llaves de Presidencia
NO ESTAMOS ante un remedo de Ana Michavila, la guardiana de las esencias del ex presidente Camps, arquitecta del clan que le mantuvo no sólo aislado de la realidad, sino de los muchos que trataron de abrir sus quijotescos ojos. Tampoco regresa la daga con mango de nácar de Juan Francisco García, el jardinero fiel de las relaciones de todos con Eduardo Zaplana y de él con todos. Ni es la estoica tecnocracia de Pablo Landecho. No. En su meteórico ascenso, Esther Pastor, la nueva ama de llaves de Presidencia da zarpazos felinos, pero no llegan más allá de la distancia. Aún. Ni siquiera fue necesario concertar con ella la asistencia de Alberto Fabra a la cena de AVE del pasado sábado. El presidente no la usa para hablar con los empresarios. Ni para otras cosas: Fue él quien se comprometió en persona con el futuro de la ex directora de RTVV, Rosa Vidal, cuyo regreso al sector privado es ahora un papelón para todos, para Manuel Broseta principalmente. No. Esther pastorea en una parcela distinta, la de la puesta en escena. Los que están en las cosas de mover la maquinaria son otros. Y no es responsabilidad pequeña la suya. Aún resuenan las palabras de un destacado miembro del Gobierno cuando Vicente Boluda y Juan Roig le explicaron en una reunión, porque hacía falta explicárselo, que era un drama la fusión de Caja Madrid y Bancaja: «Pues ahora a ver cómo lo vendemos».
Fabra traslada a los empresarios que está desplegando un plan para proyectarse en Madrid, donde todavía es una anécdota, y seguir los pasos de otras regiones más avanzadas en la exigencia de financiación. Está intensificando los contactos, marcados por la discreción, con medios y líderes de la cosa política y la económica. ¿Y quién le hace de Lazarillo por la capital? No es Esther Pastor, claro. Ni Esteban González Pons. Aquí en la Comunidad, la guardia de corps de Fabra en el diálogo con los empresarios la conforman los consellers Llombart (cuyo suegro declarará en la Audiencia Nacional por el caso Aguas de Valencia), Buch, Moragues e Isabel Bonig. El partido no está en esos menesteres. Los cuatro consellers son accesibles, no siempre complacientes, una realidad quizás episódica, mérito en buena parte del vicepresidente Císcar, cuya progresiva pérdida de protagonismo, en contraposición con el ascendente de Pastor, podría malograrlo todo. Pero aún no.
Fabra traslada a los empresarios que está desplegando un plan para proyectarse en Madrid, donde todavía es una anécdota, y seguir los pasos de otras regiones más avanzadas en la exigencia de financiación. Está intensificando los contactos, marcados por la discreción, con medios y líderes de la cosa política y la económica. ¿Y quién le hace de Lazarillo por la capital? No es Esther Pastor, claro. Ni Esteban González Pons. Aquí en la Comunidad, la guardia de corps de Fabra en el diálogo con los empresarios la conforman los consellers Llombart (cuyo suegro declarará en la Audiencia Nacional por el caso Aguas de Valencia), Buch, Moragues e Isabel Bonig. El partido no está en esos menesteres. Los cuatro consellers son accesibles, no siempre complacientes, una realidad quizás episódica, mérito en buena parte del vicepresidente Císcar, cuya progresiva pérdida de protagonismo, en contraposición con el ascendente de Pastor, podría malograrlo todo. Pero aún no.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Fabra y Puig necesitan fontanero
DOS CANDIDATOS, Alberto Fabra y Ximo Puig, ofrecieron una imagen convincente en su puesta de largo en Madrid. En el tren AVE, sentados frente a frente, viajaron los líderes empresariales González, Navarro y Morata, que han tenido la corrección de cumplir con las dos citas. Los tiempos están cambiando. Gustó la valentía de Fabra y Puig al pedir una mejor financiación ante el presidente Rajoy, que debe aprobarla, y el ex presidente Rodríguez Zapatero, que la malogró. Tranquilizó que eludieran el frentismo estéril y optaran por discursos de gobierno.
La relación entre empresarios y políticos adopta hoy esquemas diferentes a los de las dos últimas décadas. Desde Joan Lerma, el PSPV encontró mejor acomodo entre las bases industriales que entre las instituciones de representación empresarial, más cercanas al PP. Ese dibujo ha variado sustancialmente. Patronales y Cámara están presididas por metal, transporte y mueble... pero hay menos feeling con el mundo político que «nunca».
Fabra mantiene un feudo favorable, pero inconformista, en la cerámica de Castellón. En las provincias de Valencia y Alicante le falta un intermediario con los líderes de opinión situados en la base del movimiento empresarial. Y sus correligionarios no están por la labor. Puig intenta tejer un entramado con paciencia y habilidad. La figura de Arcadi España, un hombre llegado del Congreso de los Diputados, es ascendente e Inmaculada Rodríguez Piñero ha dejado huella. En Madrid, Francisco Pons y el incombustible Antonio Baixauli juegan la baza del pragmatismo: Pons tiene buena relación con los portavoces de industria, excelente con Sánchez Llibre (CiU), y gracias a la mediación de Esteban González Pons (PP) se reunió con la ministra de Fomento Ana Pastor para abordar un plan de ayudas a la rehabilitación. Puig ha consolidado sus peones en el empresariado castellonense, como Alfredo Roe y Remigio Pellicer; en Alicante le ayudan alcaldes como Antonio Francés, de Alcoy. Pero el PSPV tiene aún más necesidades que productos en venta.
Los socialistas no tienen réplica en un PP enredado en su propia telenovela, con un desgaste tremendo, en el que varios reman, como Alfonso Rus o Máximo Buch, pero pocos lo hacen en la misma dirección, y algunos abandonan su papel de interlocutor, como José Císcar. Fabra y Puig, con un discurso más en sintonía que sus predecesores con la clase media empresarial, necesitan fontaneros.
Ah, y Vicente Boluda no entra en el comité ejecutivo de la CEV. No lo entendí mal. Iba. Pero ahora ya no.
La relación entre empresarios y políticos adopta hoy esquemas diferentes a los de las dos últimas décadas. Desde Joan Lerma, el PSPV encontró mejor acomodo entre las bases industriales que entre las instituciones de representación empresarial, más cercanas al PP. Ese dibujo ha variado sustancialmente. Patronales y Cámara están presididas por metal, transporte y mueble... pero hay menos feeling con el mundo político que «nunca».
Fabra mantiene un feudo favorable, pero inconformista, en la cerámica de Castellón. En las provincias de Valencia y Alicante le falta un intermediario con los líderes de opinión situados en la base del movimiento empresarial. Y sus correligionarios no están por la labor. Puig intenta tejer un entramado con paciencia y habilidad. La figura de Arcadi España, un hombre llegado del Congreso de los Diputados, es ascendente e Inmaculada Rodríguez Piñero ha dejado huella. En Madrid, Francisco Pons y el incombustible Antonio Baixauli juegan la baza del pragmatismo: Pons tiene buena relación con los portavoces de industria, excelente con Sánchez Llibre (CiU), y gracias a la mediación de Esteban González Pons (PP) se reunió con la ministra de Fomento Ana Pastor para abordar un plan de ayudas a la rehabilitación. Puig ha consolidado sus peones en el empresariado castellonense, como Alfredo Roe y Remigio Pellicer; en Alicante le ayudan alcaldes como Antonio Francés, de Alcoy. Pero el PSPV tiene aún más necesidades que productos en venta.
Los socialistas no tienen réplica en un PP enredado en su propia telenovela, con un desgaste tremendo, en el que varios reman, como Alfonso Rus o Máximo Buch, pero pocos lo hacen en la misma dirección, y algunos abandonan su papel de interlocutor, como José Císcar. Fabra y Puig, con un discurso más en sintonía que sus predecesores con la clase media empresarial, necesitan fontaneros.
Ah, y Vicente Boluda no entra en el comité ejecutivo de la CEV. No lo entendí mal. Iba. Pero ahora ya no.
lunes, 9 de diciembre de 2013
Unos datos tras el cierre de RTVV y las contradicciones semipúblicas de los empresarios
FRENTE A LA REVUELTA legítima en defensa de lo público tras el cierre de RTVV, datos: Entre 2009 y 2013, la caída de los gastos corrientes del Consell (incluido personal) es del 8%, mientras que las inversiones (-77%) y las transferencias de capital, que van directamente al sector privado, se hunden en conjunto un 54%. Es decir, el grueso del ajuste, de lo que se conoce como austeridad, lo han sufrido las empresas. Decenas de miles de parados valencianos lo atestiguan. Está bien que defiendan lo público, pero pónganse a la cola. No estaría mal que los sindicatos lo recordaran. Pero no. Y hay más, el director de Fondos Europeos, Juan Viesca, confirma en privado a las patronales que para captar los 2.156 millones de Bruselas hasta 2020 las empresas deben poner 2.156 de su bolsillo, ¿y eso cómo se hace?
El mundo empresarial vive en la contradicción de reivindicar estos agravios y defender los espacios semipúblicos que gestiona. Así sucede con Carlos Fabra, el único secretario de una Cámara de España que ejerce de portavoz de la tal (Carmen de Miguel ni lo sueña en el Consejo Superior de Cámaras). Que siga en el cargo, pese a la condena judicial, ¡y con el respaldo del pleno!, tiene despatarrados a los empresarios valencianos, que callan, pero critican. Resulta que el estatuto de régimen interno no contempla la salida del secretario por muy delincuente que lo declare un juez. Y, claro, nadie se plantea cambiar el estatuto, o sea. El ex presidente cameral, Martí Huguet, tuvo al menos los arrestos de dejar el puesto antes que aceptar la tutela de Fabra. Tampoco encaja mucho en el espíritu empresarial el escaso entusiasmo que despierta la potencial privatización de Feria Valencia. ¿Paradójico? Las cosas de esta tierra, del poder.
Castellón y Alicante son dos problemas que el presidente de Cierval, José Vicente González, cree que deben resolverse solos. Bastante tuvo con mediar entre la patronal alicantina Coepa y el metal. González fue invitado a rubricar la paz en público, y declinó ese protagonismo. Pero hete aquí que el presidente del metal se entera la víspera de la firma, de viaje en China, de que su ejecutiva se opone. Que no. Y así. En Castellón, el secretario de CEC, Rafael Montero, vive enfrentado con Cierval, mientras su dúo con José Roca pierde fuelle en favor de Ascer, de la cerámica.
Y en Valencia se consolida el triángulo patronal CEV-AVE-Cámara. Sus presidentes, Salvador Navarro, Vicente Boluda y José Vicente Morata, se sentarán pronto en los tres comités ejecutivos. La CEV prepara el sillón de Boluda en su máximo órgano de gobierno.
El mundo empresarial vive en la contradicción de reivindicar estos agravios y defender los espacios semipúblicos que gestiona. Así sucede con Carlos Fabra, el único secretario de una Cámara de España que ejerce de portavoz de la tal (Carmen de Miguel ni lo sueña en el Consejo Superior de Cámaras). Que siga en el cargo, pese a la condena judicial, ¡y con el respaldo del pleno!, tiene despatarrados a los empresarios valencianos, que callan, pero critican. Resulta que el estatuto de régimen interno no contempla la salida del secretario por muy delincuente que lo declare un juez. Y, claro, nadie se plantea cambiar el estatuto, o sea. El ex presidente cameral, Martí Huguet, tuvo al menos los arrestos de dejar el puesto antes que aceptar la tutela de Fabra. Tampoco encaja mucho en el espíritu empresarial el escaso entusiasmo que despierta la potencial privatización de Feria Valencia. ¿Paradójico? Las cosas de esta tierra, del poder.
Castellón y Alicante son dos problemas que el presidente de Cierval, José Vicente González, cree que deben resolverse solos. Bastante tuvo con mediar entre la patronal alicantina Coepa y el metal. González fue invitado a rubricar la paz en público, y declinó ese protagonismo. Pero hete aquí que el presidente del metal se entera la víspera de la firma, de viaje en China, de que su ejecutiva se opone. Que no. Y así. En Castellón, el secretario de CEC, Rafael Montero, vive enfrentado con Cierval, mientras su dúo con José Roca pierde fuelle en favor de Ascer, de la cerámica.
Y en Valencia se consolida el triángulo patronal CEV-AVE-Cámara. Sus presidentes, Salvador Navarro, Vicente Boluda y José Vicente Morata, se sentarán pronto en los tres comités ejecutivos. La CEV prepara el sillón de Boluda en su máximo órgano de gobierno.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Noche amable
OLVIDEN POR UNA DÉCADA al sector inmobiliario. «Cuando empezó el boom del 2000, aún nos quedaba producto de la crisis de los 90 por vender», dice un ex consejero de Bancaja. Sólo podrá aspirar a financiación quien acuda a la banca con el 70% de la promoción ya vendida, y los notarios y registradores coinciden: «No es que los precios hayan bajado un 38%, es que se paga un 38% de lo que valían». En fin. Olvídense del ladrillo. De modo que aquí estamos, en un momento crucial, con el futuro a la espalda, perdidos en la sombra de nuestras propias ruinas. Y no queda otra que hacer de la necesidad virtud, esta puede ser la «noche amable más que la alborada» de San Juan de la Cruz, esta generación lleva la impronta del ave fénix.
Así suena ya el discurso empresarial en los cenáculos valencianos, que han demostrado ir dos años por delante del debate político. Con una financiación autonómica aceptable, y liberada de los lastres presupuestarios de RTVV y demás frivolidades del ex presidente Camps, el hombre tras la máscara veneciana que mira sin ser visto, la Generalitat podrá centrarse en la digestión de la elefantiásica deuda acumulada, y generar margen para invertir. Otros, igual de arruinados, alardean de salvar los muebles, pero seguirán atados a hipotecas que el Consell ya no tiene.
El liderazgo empresarial dependerá de la capacidad para anteponer el interés general a los protagonismos. Hay quien propone una buena selección de directivos, el futuro está en manos de los gestores, la dedicación que necesita la reconstrucción es absoluta: Enrique Soto (Feria), Javier López Mora (Cierval), Ricardo Miralles (CEV), Jorge Linares (Cámara), Diego Lorente (AVE). Alguno podría necesitar relevo. El renacimiento es el paradigma.
Entre lo que hay por venir, dos apuestas serias: El presidente de la patronal valenciana, Salvador Navarro, podría ser el perfil idóneo para la integración de todos en Cierval. Lo ha hecho en su casa con Cepymev. Y después está Caixa Ontinyent. Ay, los Soriano. Han sido capaces de convencer al mundo (¡hasta al Follonero!) de que lo suyo es fruto de la prudencia y la inteligencia. Y que nadie mire la composición del consejo familiar. Ya tiene mérito. La Ley de Cajas podría forzar nuevas elecciones en primavera, y es la única entidad financiera no cooperativa que nos queda. La única que puede dar comienzo a un nuevo banco de base empresarial. Porque lo que haya que hacer deben liderarlo los empresarios, fuera políticos, y se debe conseguir por la vía del convencimiento. La gran tarea empieza en Ontinyent. Así se ve en Valencia.
Así suena ya el discurso empresarial en los cenáculos valencianos, que han demostrado ir dos años por delante del debate político. Con una financiación autonómica aceptable, y liberada de los lastres presupuestarios de RTVV y demás frivolidades del ex presidente Camps, el hombre tras la máscara veneciana que mira sin ser visto, la Generalitat podrá centrarse en la digestión de la elefantiásica deuda acumulada, y generar margen para invertir. Otros, igual de arruinados, alardean de salvar los muebles, pero seguirán atados a hipotecas que el Consell ya no tiene.
El liderazgo empresarial dependerá de la capacidad para anteponer el interés general a los protagonismos. Hay quien propone una buena selección de directivos, el futuro está en manos de los gestores, la dedicación que necesita la reconstrucción es absoluta: Enrique Soto (Feria), Javier López Mora (Cierval), Ricardo Miralles (CEV), Jorge Linares (Cámara), Diego Lorente (AVE). Alguno podría necesitar relevo. El renacimiento es el paradigma.
Entre lo que hay por venir, dos apuestas serias: El presidente de la patronal valenciana, Salvador Navarro, podría ser el perfil idóneo para la integración de todos en Cierval. Lo ha hecho en su casa con Cepymev. Y después está Caixa Ontinyent. Ay, los Soriano. Han sido capaces de convencer al mundo (¡hasta al Follonero!) de que lo suyo es fruto de la prudencia y la inteligencia. Y que nadie mire la composición del consejo familiar. Ya tiene mérito. La Ley de Cajas podría forzar nuevas elecciones en primavera, y es la única entidad financiera no cooperativa que nos queda. La única que puede dar comienzo a un nuevo banco de base empresarial. Porque lo que haya que hacer deben liderarlo los empresarios, fuera políticos, y se debe conseguir por la vía del convencimiento. La gran tarea empieza en Ontinyent. Así se ve en Valencia.
martes, 19 de noviembre de 2013
El consejo
"ME EQUIVOQUÉ al analizar la crisis. No supe ver dos
cosas: su duración —le dije a todos que acabaría en otoño de 2011— y su poder
transformador: es como si alguien recoge todas las cartas de la baraja en mitad
de la partida y cambia las reglas del juego, ahora la principal regla a tener
en cuenta es la concentración de la distribución". Al final sabrán qué
empresario me hizo esta confesión en un hotel de Valencia el pasado lunes, pero
lo importante es el fondo de su reflexión. En el sector financiero se insiste,
contra los escépticos como yo, que la banca española mantendrá 42 marcas
comerciales, pero acabará dirigiéndose desde no más de cinco consejos de
administración. Y lo mismo en el negocio minorista. Miren la bulliciosa calle
Colón, los consejos de administración que deciden su futuro se cuentan con los
dedos en una mano. A nivel global el fenómeno es todavía más brutal.
En la Comunidad sólo existe un consejo que influya en el
destino de un sector importante en España. Es obviamente el de Mercadona. Su
encaje en la sociedad económica y política es, por eso, algo estratégico. A no
pocos les sorprendió la actitud de la patronal de los supermercados en el
último Observatorio de Comercio, metiéndole presión al conseller de Economía,
Máximo Buch, a propósito de los festivos con licencia de apertura. Pese a que
la ley marca un mínimo de 10, supermercados y comercios pidieron que se
siguiera la estela de las regiones que han decido rebajarlos a siete por la
excepcionalidad de la crisis. Buch fue tensionado, y demostró que hay una línea
roja que no está dispuesto a traspasar, la de su lealtad hacia el secretario de
Estado de Comercio, Jaime García Legaz, con quien ha entablado una buena
relación, y mejor no romperla en su etapa tierna.
O el Grado ADE para Emprendedores de la escuela de
negocios Edem, global sponsor del incomparable Emtech, el foro de tecnologías
emergentes vinculado al MIT que se clausura en Valencia. Al pulsar el logo
de Edem en la página oficial del evento se accede a una presentación del Grado
ADE para Emprendedores, y resulta que por esa vía uno llega, y no al revés, a
la Universitat de València, en algunos de cuyos departamentos no se oculta el
malestar por la competencia que le ha salido a la Facultad de Económicas. La
facultad donde, en teoría, se enseña a competir. En Edem quitan hierro: su
Grado está especializado en emprendimiento y tiene a empresarios en el
claustro.
La reflexión inicial es de Alberto Catalá.
Ikea y Nou
TE LLEVAN a Madrid y descubres que compites con un grupo pequeño de personas por un puesto de jefe de área en la nueva tienda de Ikea en Alfafar. A primera hora entras en su sede central en España, permanecerás aislado en una sala amplia hasta las seis de la tarde. El entrevistador te muestra dos fotografías: una cola del paro y una imagen de la familia Alcántara, la de Cuéntame. Te preguntas: ¿Qué tienen que ver Imanol Arias y compañía con Ikea? Y llega la prueba clave de la agencia de selección Hays: Debes diseñar una estancia a partir de una serie de elementos del catálogo. Vuelves a casa.
Una cola del paro y la familia Alcántara. Quizás la tienda de Alfafar sea el símbolo de un cambio de ciclo. Ambas son imágenes poderosas que ilustran el camino perdido en esta crisis infausta, que nos deja sin buena parte de la arquitectura institucional levantada por la economía durante el pasado siglo. Y que amenaza con deshacer como un azucarillo el andamiaje cultural construido en torno a RTVV.
Su cierre es un fracaso colectivo, como tal debe experimentarse. Canal 9 ha tenido, tiene, brillantes destellos, pero los ha ahogado una y otra vez en una tenaz deriva hacia la persuasión, el sentimentalismo epidérmico, la dignidad vendida. Al paso que va morirá así, lamentablemente. Ojalá fuera posible la salvación económica y cultural del ente. Ojalá podamos ver, si no, un hermoso canto del cisne, una epifanía que haga honor al valor real de muchos profesionales de la casa que no han desplegado estos años, porque no se les pidió y quizás tampoco osaron arriesgar, sus grandes alas blancas. Ojalá la mayoría puedan seguir prestando el servicio público, aunque sea —RTVV se usará siempre como ejemplo de que una sociedad pública no es garantía de independencia y rectitud de criterio— en una empresa privada, como parece.
En la propuesta de indemnización de 45 días se percibe la huella de alguien con acceso directo a Alberto Fabra, quizás la misma persona que adivinó el acuerdo con los sindicatos para el cierre de Galmed en Sagunto: «Thyssen hará a la plantilla una oferta que no podrá rechazar».
Por cierto que la sede de la CEV sirvió de plató el fin de semana para el cortometraje Bikini, de Óscar Bernacer. Cuenta la historia del alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, excomulgado en 1953 por Pío XII al permitir los bikinis en sus playas. Zaragoza viajó en Vespa al Palacio del Pardo (el que recrea la CEV) para pedir a Franco que le ayudase a potenciar la incipiente industria turística. Ese año se firmó el Concordato, no les digo más.
Una cola del paro y la familia Alcántara. Quizás la tienda de Alfafar sea el símbolo de un cambio de ciclo. Ambas son imágenes poderosas que ilustran el camino perdido en esta crisis infausta, que nos deja sin buena parte de la arquitectura institucional levantada por la economía durante el pasado siglo. Y que amenaza con deshacer como un azucarillo el andamiaje cultural construido en torno a RTVV.
Su cierre es un fracaso colectivo, como tal debe experimentarse. Canal 9 ha tenido, tiene, brillantes destellos, pero los ha ahogado una y otra vez en una tenaz deriva hacia la persuasión, el sentimentalismo epidérmico, la dignidad vendida. Al paso que va morirá así, lamentablemente. Ojalá fuera posible la salvación económica y cultural del ente. Ojalá podamos ver, si no, un hermoso canto del cisne, una epifanía que haga honor al valor real de muchos profesionales de la casa que no han desplegado estos años, porque no se les pidió y quizás tampoco osaron arriesgar, sus grandes alas blancas. Ojalá la mayoría puedan seguir prestando el servicio público, aunque sea —RTVV se usará siempre como ejemplo de que una sociedad pública no es garantía de independencia y rectitud de criterio— en una empresa privada, como parece.
En la propuesta de indemnización de 45 días se percibe la huella de alguien con acceso directo a Alberto Fabra, quizás la misma persona que adivinó el acuerdo con los sindicatos para el cierre de Galmed en Sagunto: «Thyssen hará a la plantilla una oferta que no podrá rechazar».
Por cierto que la sede de la CEV sirvió de plató el fin de semana para el cortometraje Bikini, de Óscar Bernacer. Cuenta la historia del alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, excomulgado en 1953 por Pío XII al permitir los bikinis en sus playas. Zaragoza viajó en Vespa al Palacio del Pardo (el que recrea la CEV) para pedir a Franco que le ayudase a potenciar la incipiente industria turística. Ese año se firmó el Concordato, no les digo más.
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