EN MADRID las apuestas se inclinan por que Sheldon Adelson hará público que su proyecto de Eurovegas no recala en España. Aún queda un margen para la esperanza, el que está exprimiendo Ignacio González y todo aquel que puede mover algo. Pero se ve difícil. Si finalmente es que no, «Madrid entrará en modo pánico». Lo dice alguien que conoce a fondo los cenáculos de la capital, «la locomotora española tendrá que decirle al resto del país que no es capaz de crear empleo a corto y medio plazo», al menos el suficiente para una sociedad con 3,5 millones de parados, porque, y ahí está la clave de la historia, «sin Eurovegas se acaba la vía de la economía financiera, y sólo nos queda reconstruir la economía productiva», y ese no es un camino sencillo: «¿Quién va a invertir en España?» El capital entra, pero atraído por los bajos precios. No es inversión transformadora. Esto es el rastro.
La Comunidad debe crear 400.000 empleos para situarse al nivel de una región avanzada media, 325.000 si obrara el milagro de aflorar la mitad de la economía sumergida. Hagan un cálculo: una empresa de tecnología madura como Ford ha invertido 800 millones de euros para conseguir un incremento neto de un millar de personas. A 800.000 euros el puesto de trabajo. En el sector servicios y construcción el ratio es menor, pero ya sabemos que ambos son mucho más sensibles a los ciclos. Una estrategia a largo plazo debe basarse en la reconstrucción de esa rama productiva que empezamos a abandonar en los 80. En el caso de industria con tecnología avanzada, la inversión necesaria para crear un puesto de trabajo se estima entre el millón y los 10 millones de euros. En definitiva, sólo en la Comunidad, para llegar a tasas de paro aceptables, harían falta un par de cientos de miles de millones de inversión. Esa es la realidad. En tal escenario, el déficit de financiación de la Generalitat, siendo un asunto de extrema importancia, suena a cuestión menor. La máxima, principal, irrenunciable, absoluta prioridad es movilizar la inversión, privada, pública o del Espíritu Santo.
No nos quieren. No somos un territorio fiable. Al más alto nivel, al nivel geoestratégico. Restaurar ese crédito internacional debe ser la prioridad política y de la sociedad civil. Constituye el gran desafío de nuestra generación. Si no se consigue, no lo duden, nuestros nietos no tendrán el mismo nivel de vida que nosotros. Las resistencias son enormes. Dicen en Ribera Salud que los socialistas madrileños les advirtieron por burofax de las consecuencias de presentarse al concurso de los hospitales de Madrid. Pánico.
jueves, 24 de octubre de 2013
jueves, 10 de octubre de 2013
Para confiar
ES QUE TODO se reduce a una cuestión de confianza. La futura Fundación Bancaja, hablemos del asunto. Empapelada la fachada con 600 folios de informes del Banco de España que han aflorado gracias al caso Bankia, y que nos muestran a unos gestores e inspectores que o no vieron (los hechos se documentaron hace cinco años), o no reconocieron. Es un problema de confianza, digo. A ver: Si no ocupan el patronato de la nueva Fundación Bancaja los políticos, o sus desinados, quién debe hacerlo en su lugar. ¿De quién fiarse? Primera reflexión en profundidad de esa sociedad civil que esperamos como a Godot y que nunca llega. ¿Cuáles son sus referentes? ¿En qué personalidades e instituciones se refleja? Hay que revisar el tema. Pero en serio ya, no estas cosas que se hacen per a ofrenar... de fondo. Te topas con el juego político local, con la frivolité de unas Cortes en perpetuo estado de contemplación, mientras afuera la economía sobrevive a mordisco puro, y le vuelve a la mente George Steiner: «El símbolo de nuestra era es la conservación de un bosquecillo querido por Goethe dentro de un campo de concentración».
No se nombra al nuevo patronato de la Fundación Bancaja por razones políticas. Pero dígame quién debe ocupar los sillones, en quién está pensando la sociedad civil, que ya es hora de que piense por sí sola. Zafado Serafín Castellano de su asunto judicial, le ha puesto sobre la mesa al PSPV la reforma de la ley electoral, que reducirá el número de diputados. Y algunas cosas más. O es que Ximo Puig quiere que le regale la mitad del patronato de la fundación sin el preceptivo apoyo a lo que hay. Es el tema-trampa. Un pacto asimétrico PP-PSPV, que es como se arreglan aquí las cosas toda la vida.
Cuando esté listo el enjuague se pondrá fin a la trayectoria de Aurelio Izquierdo en la casa. Así se hará. Y con la indemnización millonaria que firmó en su día (salvo el plan de pensiones). A la pregunta de cuál ha sido su papel en la fundación, la respuesta es que alguien tenía que mantener el control de la información de Bancaja en los cajones. Con permiso del ex presidente-presidente Mas Millet. De lo que hay allí puede depender la suerte de imputados del caso Bankia, y ni es juicioso dejarla en manos de la entidad de José Ignacio Goirigolzarri, ni ésta tiene demasiado interés en meterse en más charcos.
No se nombra al nuevo patronato de la Fundación Bancaja por razones políticas. Pero dígame quién debe ocupar los sillones, en quién está pensando la sociedad civil, que ya es hora de que piense por sí sola. Zafado Serafín Castellano de su asunto judicial, le ha puesto sobre la mesa al PSPV la reforma de la ley electoral, que reducirá el número de diputados. Y algunas cosas más. O es que Ximo Puig quiere que le regale la mitad del patronato de la fundación sin el preceptivo apoyo a lo que hay. Es el tema-trampa. Un pacto asimétrico PP-PSPV, que es como se arreglan aquí las cosas toda la vida.
Cuando esté listo el enjuague se pondrá fin a la trayectoria de Aurelio Izquierdo en la casa. Así se hará. Y con la indemnización millonaria que firmó en su día (salvo el plan de pensiones). A la pregunta de cuál ha sido su papel en la fundación, la respuesta es que alguien tenía que mantener el control de la información de Bancaja en los cajones. Con permiso del ex presidente-presidente Mas Millet. De lo que hay allí puede depender la suerte de imputados del caso Bankia, y ni es juicioso dejarla en manos de la entidad de José Ignacio Goirigolzarri, ni ésta tiene demasiado interés en meterse en más charcos.
viernes, 4 de octubre de 2013
Calidad y atajos
¿PARA HACER QUÉ? Esta pregunta debe estar presente en cualquier debate sobre estrategia territorial a medio y largo plazo. Innovar, sí, pero ¿para hacer qué? No todas las tecnologías merecen que se apueste por ellas. Invertir, sí, pero ¿para hacer qué? Cambiar el sistema de representación empresarial, sí, pero ¿para hacer qué? Organizar a la sociedad civil, el último gran mantra en circulación en nuestro menguante espacio público, sí, pero ¿para hacer qué? Porque nuestra Comunidad es especialista en trazar viajes a la luna desde una salón lleno de goteras.
En un sugerente ensayo, extraído de su libro The Great Degeneration, el británico Niall Ferguson pone de relieve cómo la mejora de la calidad de las instituciones ha influido en el despegue de las economías emergentes. Lo cual le lleva a la inquietante pregunta de si el constatable deterioro de la calidad de las instituciones en EEUU podría poner en riesgo su primacía mundial. Eso nos pilla muy lejos, sí. Pero Ferguson pone el acento en algo que debería constituir el primer y más prioritario pilar de una estrategia de futuro, un reto por el que movilizar a la sociedad civil: la calidad de nuestras instituciones.
El listado de cosas que no se hacen bien, si los empresarios tienen la oportunidad de abocarlas, abruma. La odisea para que una empresa extranjera obtenga un CIF; la imposibilidad de compensar deudas entre administraciones; el retraso en la devolución del IVA de exportación; la desaparición de bonificaciones a la contratación una vez incorporados los empleados; el bochornoso incumplimiento de la Ley de Morosidad; la falta de margen para que Hacienda y Seguridad Social sean flexibles en la negociación de deudas de empresas; el cierre del mercado de seguros a la exportación; el bloqueo del ICO, Reindus o CDTI, entes gubernamentales; la implantación de una cultura democrática en los partidos políticos y de la meritocracia en la Administración... El tema de nuestro tiempo es convertir este país de atajos en una estable plataforma para hacer negocios. Comencemos por ahí, antes de subirnos al cohete a la luna.
Apunte doble final: En cuanto al futuro del presidente del Puerto, Rafael Aznar, a quien los empresarios han respaldado en efecto, preocupa más la intranquilidad que causa la denuncia en Puertos del Estado —«Madrid se pone nervioso con estas cosas»— que la actuación del juez. Aunque ya en enero se calmaron esas aguas.
Y la jugada de promover a Gonzalo Pino como líder del metal en UGT le puede fallar a Conrado Hernández. De momento, Ismael Sáez se ve ganador. El secretario general en el alambre.
En un sugerente ensayo, extraído de su libro The Great Degeneration, el británico Niall Ferguson pone de relieve cómo la mejora de la calidad de las instituciones ha influido en el despegue de las economías emergentes. Lo cual le lleva a la inquietante pregunta de si el constatable deterioro de la calidad de las instituciones en EEUU podría poner en riesgo su primacía mundial. Eso nos pilla muy lejos, sí. Pero Ferguson pone el acento en algo que debería constituir el primer y más prioritario pilar de una estrategia de futuro, un reto por el que movilizar a la sociedad civil: la calidad de nuestras instituciones.
El listado de cosas que no se hacen bien, si los empresarios tienen la oportunidad de abocarlas, abruma. La odisea para que una empresa extranjera obtenga un CIF; la imposibilidad de compensar deudas entre administraciones; el retraso en la devolución del IVA de exportación; la desaparición de bonificaciones a la contratación una vez incorporados los empleados; el bochornoso incumplimiento de la Ley de Morosidad; la falta de margen para que Hacienda y Seguridad Social sean flexibles en la negociación de deudas de empresas; el cierre del mercado de seguros a la exportación; el bloqueo del ICO, Reindus o CDTI, entes gubernamentales; la implantación de una cultura democrática en los partidos políticos y de la meritocracia en la Administración... El tema de nuestro tiempo es convertir este país de atajos en una estable plataforma para hacer negocios. Comencemos por ahí, antes de subirnos al cohete a la luna.
Apunte doble final: En cuanto al futuro del presidente del Puerto, Rafael Aznar, a quien los empresarios han respaldado en efecto, preocupa más la intranquilidad que causa la denuncia en Puertos del Estado —«Madrid se pone nervioso con estas cosas»— que la actuación del juez. Aunque ya en enero se calmaron esas aguas.
Y la jugada de promover a Gonzalo Pino como líder del metal en UGT le puede fallar a Conrado Hernández. De momento, Ismael Sáez se ve ganador. El secretario general en el alambre.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
La huella
DESDE ESTAS páginas dimos respaldo a lo que bautizamos
como el Plan Renove de las organizaciones empresariales, impulsado por el
presidente de la patronal autonómica Cierval, José Vicente González, con la
colaboración del grupo de dirigentes reunido en torno a José Vicente Morata
(Cámara) y Salvador Navarro (CEV). Ese apoyo nunca se nos solicitó, pero
convenía dar un nuevo aire al sistema que articula el estar-ahí de los
empresarios en el ágora pública. Dijimos al brioso ex presidente de la Cámara,
Arturo Virosque, que la mayoría pensaba que debía dejar el sillón; advertimos
al cauto ex presidente de Cierval, Rafael Ferrando, de que no tenía apoyos
suficientes para repetir; celebramos el frente único valenciano en defensa de
la candidatura de Juan Rosell en CEOE; e instamos a un cambio en el gobierno de
Feria Valencia, con la salida de Alberto Catalá incluida (algo que todavía no
se ha producido), para que los empresarios recuperaran el protagonismo. En
todas esas batallas, el caballo ganador resultó ser siempre el de González, que
recibió un voto de confianza de muchos, por pura convicción. No obstante, ya al
principio apareció una pregunta que conviene hacerse de nuevo en el ecuador de
su mandato en Cierval: ¿Para qué quería el poder? ¿Qué pretende hacer con él?
A día de hoy, la respuesta sigue sin estar clara. Es
cierto, y no es poco, que la representación empresarial ha ganado en
independencia respecto del poder político. La tarea aún no es completa hoy,
como se ha podido ver en asuntos como el del Palacio de Congresos, pero el
nivel tutelaje pretendido o consentido de otras épocas no existe. Un punto para
el Plan Renove de González. Sin embargo, el mundo empresarial sigue sin
alcanzar la mayoría de edad que otorga la capacidad de influencia, en el Palau
y en Madrid.
¿Qué se espera de González? La Carta de Pedro J. del
domingo podría marcar una senda válida también para la Comunidad Valenciana: al
menos hasta 2020 estamos condenados a convivir con una Generalitat débil en lo
político y anémica en lo financiero. Poco se puede esperar del ámbito
institucional. A la sociedad civil le toca articularse y organizar una
Estrategia 2025 creíble, realista y comprometida. No dependiente de un Consell
que se debatirá entre las hipotecas del PP o las del PSPV, a falta de mayorías
absolutas. Un objetivo a corto: en la configuración de la nueva presidencia de
la Generalitat, sea del partido que sea, debe estar presente la voz de los
empresarios. Influencia. Quizás el papel que el destino le reserva a González,
si de verdad quiere dejar huella.
Un aperitivo
LA BARRACA de La Albufera que, desde la elección de José
Vicente Morata como presidente de la Cámara, alberga el almuerzo de principio
de curso entre el mundo de la economía y el Consell, estuvo más concurrida que
nunca. Pese a las ausencias, que las hubo —Caixabanc y Sabadell habían excusado
su asistencia con bastante antelación—, hubo algunas presencias meritorias,
como la del director de Ford, Antonio Adés, en pleno proceso de reinstauración
del tercer turno. Se repitió el ritual de años precedentes, y las patronales no
fueron invitadas, incluido el jefe de Cierval, José Vicente González. Estuvo
concurrido el almuerzo, en fin, y se prolongó más que en otras ocasiones. El
presidente Alberto Fabra se marchó a las seis de la tarde, y el debate se
alargó dos horas más. Morata, con contactos en el mundo financiero tejidos
durante su etapa al frente de Umivale —la Cámara trabaja habitualmente con el
Citi para el Sudeste asiático, el Arab Bank para Oriente, el Sabadell para el
Mediterráneo, Bankinter o Caixabank—, sentó cara a cara a empresarios,
políticos y financieros, lo cual tiene su utilidad. Y alguien cayó en la
cuenta: desaparecieron las entidades valencianas y las que se las comieron, tal
que Bankia, Caixabank y Sabadell, están vírgenes en el exterior, sin apenas
red.
Las Cámaras de Comercio son la clave para entender la
transformación del mapa de representación empresarial que se avecina. En un año
todo lo que conocen ahora habrá cambiado. Y no me refiero a la apertura en un
plan de semanas de la sede de Poeta Querol, que ya tiene seis plantas amuebladas,
a falta de las cuestiones técnicas previsibles. No. El tema es que, antes o
después, habrá ley estatal y tres meses después, la autonómica. Los empresarios
vinculados a las Cámaras pedirán acceso a los fondos destinados a
internacionalización, emprendedurismo, formación... Y las patronales deberán
reposicionarse en el nuevo escenario. ¿Qué?
Hoy se reúnen las cinco Cámaras de la Comunidad,
convencidas de que deben ofrecer al Consell una versión más coordinada y
unívoca. Tras su campaña a nivel nacional, junto a los presidentes de Zaragoza,
Palma de Mallorca y el propio Javier Gómez-Navarro, Morata quiere repetir a
nivel autonómico evitando que se tense la cuerda y se proponga la desaparición
de plenos, como alguien pretende. El tema de partida es la internacionalización.
De momento, lanzan por internet una Agenda Internacionalización que agrupa las
novedades de las Cámaras, el Icex y el Ivex. Consulten. Es un aperitivo, un
mensaje bien explícito de lo que quieren.
Lectura olímpica
EL RIDÍCULO OLÍMPICO de Buenos Aires tiene el desolador
efecto de recordarnos que el problema del bajo nivel medio de la clase política
está generalizado en todo el país. La alcaldesa de una ciudad cosmopolita y
avanzada como Madrid va y te pronuncia un discurso propio de un púber
preuniversitario (perdón, chavales). Si no lo ha escrito ella, da más pavor:
que la esposa de un ex presidente del Gobierno consienta que le pasen, y hasta
lea en público, tal bazofia, es la medida de la distancia que separa a un
sector privado cada vez más abierto a los desafíos globales, de una esfera
política alérgica a la meritocracia. Madrid se lo tiene que hacer mirar, pero
de verdad. El presidente de los empresarios valencianos, José Vicente González,
será la voz de la CEOE en una cumbre sobre el euro en Berlín... porque es el
único de los cuatro vicepresidentes de la patronal que domina el inglés.
Esta es la moraleja que sacan los empresarios, presten
atención: "No quieren enterarse de que, en el exterior, los españoles
somos unos apestados". Vas a la oficina de un banco extranjero y te
invitan a abandonarla. Un empresario valenciano se marchó de una reunión con un
gobernador latinoamericano cuando éste le espetó eso de "ustedes vienen
ahora porque están desesperados". Pero la clase política a lo suyo. A
algunos se les salen los ojos de las órbitas con la elite empresarial en Buenos
Aires. Dos constructoras, ACS y OHL, y el ubicuo Cerezo. No aprendemos.
Y en las zonas de sombra, en las que confunde lo
institucional con lo empresarial, qué difícil es navegar. El presidente del
Puerto de Valencia, Rafael Aznar, lo ha hecho durante años, y ahora se
encuentra con una denuncia. Acusaciones que han sobresaltado a los miembros del
consejo de administración del Puerto. Entre ellos la alcaldesa Rita Barberá y
dirigentes como Vicente Boluda y Alberto Catalá. Todos ellos estudiaron la
mayor parte de las operaciones que investiga ahora el juzgado, y le dieron el
visto bueno de forma directa o delegada. Todos.
En el mundo empresarial se ha pactado ya dar todo el apoyo
a Aznar. Y Alberto Fabra se suma a la iniciativa. Pocos responsables se merecen
que se ponga la mano en el fuego por ellos como él. Su principal mérito ha sido
equilibrar múltiples e impetuosos vectores convergentes: Estado, Generalitat, Ayuntamiento
y añadan navieras, terminales, estiba, transportistas... y hasta equipo
directivo. El Puerto de Valencia sí se ha batido con éxito en las grandes ligas
globales, con un discurso potente, en inglés profesional, en las antípodas del
ridículo olímpico. Un respeto.
El círculo resiste
EL VERSO SUELTO empresarial está herido, malherido si quieren, pero se resiste a morir. La construcción y la promoción inmobiliaria siguen convencidas de ser la cabeza de turco de una gran operación de limpieza de los balances de la banca. La misma banca que lanzaba a sus directores a captar negocio del ladrillo por despachos empresariales y municipales, por restaurantes de lujo y hoteles, la misma banca que iba con las hipotecas entre dientes a las subastas del oropel, la que fusionó sus áreas de inversión y comercial y luego utilizó a los depositantes de ésta como rehenes en la negociación del rescate de aquella. A estas alturas las culpas están muy repartidas, pero hay que reconocer que los mejor parados han sido, en primer lugar, el poder político, que dio cuerda (no gratis, claro) al artilugio, y en segundo lugar el poder financiero, donde tantos cobraron comisiones, del 3%, del 10%... El empresario constructor y promotor, que se sumó a la fiesta de la especulación, en muchos caso dejando de lado cualquier escrúpulo y resto de sensatez, ha pagado con una laminación histórica.
Pero ahí están algunos nombres propios todavía, dispuestos a reinventarse como empresas de servicios, orientándose a nichos inexplorados. De momento, muy solos. El nuevo presidente de la patronal de los constructores, Fevec, que durante años rivalizó con el metal por el reparto de cargos en las organizaciones empresariales, Francisco Zamora, aún está pendiente de ubicarse en el escenario en el que se mueven la CEV, la Cámara de Comercio y Cierval. Hay que encajarlo. Las tres trabajan de la mano en el asunto del momento: posicionarse ante el cambio de legislación cameral que prepara el Gobierno, y que muchos en Madrid atribuyen a una estrategia de los gigantes del Consejo Empresarial para la Competitividad para arrinconar a CEOE, dejando todo el pastel en manos de unas Cámaras más fáciles de domesticar. En Valencia se quiere evitar que la ley apuntille al movimiento empresarial, o lo conduzca a la irrelevancia.
Las inmobiliarias, con José Luis de Miguel al frente, decantaron el triunfo de Zamora contra el candidato de la obra pública y de Eloy Durá. Lo dicho: el círculo vuelve a cerrarse. Para constructores y promotores el enemigo se llama Sareb, a la que se enfrentan sin apenas respaldo del resto de empresarios, y ante la indiferencia de una Administración que prefiere no dar la cara por un sector contaminado. En lugar de ello, la consellera Isabel Bonig saca una ley urbanística. El marco legal estará fino, pero aquí como siempre olvidamos el contenido de las cosas.
Pero ahí están algunos nombres propios todavía, dispuestos a reinventarse como empresas de servicios, orientándose a nichos inexplorados. De momento, muy solos. El nuevo presidente de la patronal de los constructores, Fevec, que durante años rivalizó con el metal por el reparto de cargos en las organizaciones empresariales, Francisco Zamora, aún está pendiente de ubicarse en el escenario en el que se mueven la CEV, la Cámara de Comercio y Cierval. Hay que encajarlo. Las tres trabajan de la mano en el asunto del momento: posicionarse ante el cambio de legislación cameral que prepara el Gobierno, y que muchos en Madrid atribuyen a una estrategia de los gigantes del Consejo Empresarial para la Competitividad para arrinconar a CEOE, dejando todo el pastel en manos de unas Cámaras más fáciles de domesticar. En Valencia se quiere evitar que la ley apuntille al movimiento empresarial, o lo conduzca a la irrelevancia.
Las inmobiliarias, con José Luis de Miguel al frente, decantaron el triunfo de Zamora contra el candidato de la obra pública y de Eloy Durá. Lo dicho: el círculo vuelve a cerrarse. Para constructores y promotores el enemigo se llama Sareb, a la que se enfrentan sin apenas respaldo del resto de empresarios, y ante la indiferencia de una Administración que prefiere no dar la cara por un sector contaminado. En lugar de ello, la consellera Isabel Bonig saca una ley urbanística. El marco legal estará fino, pero aquí como siempre olvidamos el contenido de las cosas.
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