LOS DÍAS PREVIOS a la última junta general de accionistas del Banco de Valencia definen el estado real de la salud de nuestro tejido económico y así nos va. Tal que de los errores debemos sacar enseñanza y también con ellos se construye estrategias. He aquí algunas anécdotas ilustrativas. El ya ex director general, José Antonio Iturriaga, al que sus colaboradores en el banco definen como alguien de naturaleza biliar, con una habilidad gestora que parece más bien cuestionable, pero dotado de firmeza gobernante, hizo que (casi) todo su equipo directivo firmara un documento en el que declaraba que la responsabilidad de toda la información que le había trasladado es exclusivamente suya. Es decir, Iturriaga se ha cubierto bien las espaldas, aviso para navegantes.
Motivos para dudar de la capacidad de gestión del hasta hace poco hombre fuerte del Banco de Valencia y, por extensión del Frob mismo, no faltan. Los sindicatos elevaron a Iturriaga la misma semana de la junta general una carta advirtiéndole de que el ERE para 795 personas que habían pactado, pues mira, que no va a poder ser. La trampa quedó al descubierto en el plan de reestructuración aprobado por Bruselas el 28 de noviembre del que tanto hemos aprendido. Y no se trata del engorroso debate sobre si 50-50 o 50-90. La clave está en que lo que firmaron el Frob y La Caixa es que la plantilla que debía reducirse a la mitad es la que existía en el banco a... ¡31 de diciembre de 2011! Vamos, que al ERE le sobran todos los despidos forzosos, los 290. O al menos una parte sustancial de ellos. Caixabank ya lo sabe y va a tener que arreglar el entuerto del Frob. Lo que nos lleva a la siguiente pregunta: si no llega a hacerse pública la parte no confidencial del plan de reestructuración ¿se habrían destruido 300 empleos inútilmente y nadie habría dicho nada? ¿Ha actuado el Frob de forma irregular a sabiendas?
Y se celebró la junta de accionistas. Cuántos de los ejecutivos que intervinieron de asesores de Iturriaga podrían dejar la entidad pronto. Entre ellos no estuvo en el Palacio de Congresos Alfonso Monferrer, incluido en las querellas, a falta de saber si imputado o no. En la mesa presidencial, José Vicente Morata, que ha ligado quizás con excesivo riesgo su imagen personal e institucional, como presidente de la Cámara, al infausto destino del Banco de Valencia. Y en el aire, aunque lejos de allí, los dos nombres que verdaderamente han revuelto el patio empresarial levantando las alfombras, pese al protagonismo inmerecido de Iturriaga: uno ya conocido, el ex administrador del Frob José Manuel Oliver, otro revelado por EL MUNDO, el inspector del Banco de España y ex empleado del IVF, Vicente Salinas.
lunes, 25 de marzo de 2013
viernes, 15 de marzo de 2013
Orden y carril
EL SIGNO de estos tiempos es el desconcierto. La orquesta no tiene director, la batuta es una pesada barra de iridio y la partitura parece un jeroglífico chino. Y, sin embargo, el dinero ha empezado a moverse, y con él la competencia de los territorios por atraerlo, y reaparecen los viejos fantasmas, y podemos volver a encontrarnos de nuevo cualquier día en el centro de la mesa, horneados y con una manzana en la boca. La petición de justicia tras humillación por la pérdida del sector financiero está vehiculizándose hacia la Justicia. Evidente, ¿inteligente? Mientras en Valencia los profesionales jurídicos se quejan de forma cada vez menos discreta de que todos los escritos de procuradores y abogados de Bankia y Sabadell vienen ya de Madrid y Barcelona, y aquí a dos velas, los grandes despachos nacionales se frotan las manos: empresarios contra empresarios y contra el Frob, y viceversa. Las balas empiezan a zumbar, y las caras en foros como el de AVE son un poema, socios querellados entre sí, o Frob mediante, sentados en la misma mesa. ¿Cuándo podrá esta sociedad restaurar las heridas que se están abriendo entre sus grandes apellidos?
La ausencia de un primum inter pares que ponga orden es grave. La Cierval de José Vicente González empieza a asumir una sola voz, pero la falta de liquidez la estrangula. José Vicente Morata sigue a expensas de la nueva ley de Cámaras, que le alejará de las patronales y le acercará aún más a la Administración, tras un paso opaco por el Banco de Valencia, donde se atribuye el mérito de haber ayudado a frenar «tres match ball». A Alberto Fabra, le falla el suelo bajo sus pies en Valencia y con el historial de impagos no le sobran empresarios dispuestos a ayudarle en Madrid.
Pero, ojo, aún se puede perder más si no reaccionamos. Ahí está la controversia sobre el tercer carril, anticipo que debe ser del Corredor Mediterráneo. Algunos advierten de una posible trampa doble: No hay constructoras locales que puedan hacerlo; pero, sobre todo, se sospecha que Fomento no dará luz verde a la financiación del Corredor si el tercer carril no está saturado en 2020. Las buenas palabras de Ana Pastor pasan por la mesa de Manuel Niño, recientemente nombrado secretario general de Infraestructuras, el mismo que ocupaba entre 2000 y 2004 la subdirección general de Planes y Proyectos de Infraestructuras Ferroviarias, el que dejó fuera al Corredor de los ejes prioritarios de la UE. Para que se sature la vía en 2020 tiene que haber tráfico, y eso depende del gestor, de Renfe. No hay nada como el miedo a la saturación para evitar que algo colapse. Todos en manos de Julio Gómez-Pomar.
La ausencia de un primum inter pares que ponga orden es grave. La Cierval de José Vicente González empieza a asumir una sola voz, pero la falta de liquidez la estrangula. José Vicente Morata sigue a expensas de la nueva ley de Cámaras, que le alejará de las patronales y le acercará aún más a la Administración, tras un paso opaco por el Banco de Valencia, donde se atribuye el mérito de haber ayudado a frenar «tres match ball». A Alberto Fabra, le falla el suelo bajo sus pies en Valencia y con el historial de impagos no le sobran empresarios dispuestos a ayudarle en Madrid.
Pero, ojo, aún se puede perder más si no reaccionamos. Ahí está la controversia sobre el tercer carril, anticipo que debe ser del Corredor Mediterráneo. Algunos advierten de una posible trampa doble: No hay constructoras locales que puedan hacerlo; pero, sobre todo, se sospecha que Fomento no dará luz verde a la financiación del Corredor si el tercer carril no está saturado en 2020. Las buenas palabras de Ana Pastor pasan por la mesa de Manuel Niño, recientemente nombrado secretario general de Infraestructuras, el mismo que ocupaba entre 2000 y 2004 la subdirección general de Planes y Proyectos de Infraestructuras Ferroviarias, el que dejó fuera al Corredor de los ejes prioritarios de la UE. Para que se sature la vía en 2020 tiene que haber tráfico, y eso depende del gestor, de Renfe. No hay nada como el miedo a la saturación para evitar que algo colapse. Todos en manos de Julio Gómez-Pomar.
sábado, 9 de marzo de 2013
Vigilantes
SE EXTENDIÓ la sospecha de que los seis nuevos vigilantes de seguridad de la central del Banco de Valencia tenían la misión de evitar altercados ante el navajazo de las preferentes y las obligaciones subordinadas. No hay tal. Por más que sean muchos los trabajadores de la entidad afectados por esa quita salvaje y asimétrica, por más que hayamos tenido que soportar el espectáculo de inversores tratando infructuosamente de recuperar su dinero en Bolsa, a la desesperada, con un volumen de órdenes de compra que multiplicaba por 35 a las de venta, un último esfuerzo para escapar de las arenas movedizas («señor periodista, tengo 72 años, guardaba 36.000 euros y me quedan 5.400, ¿qué hago?») y al final 0,01 euros. Por más que exista esa realidad dolorosa, los seis nuevos vigilantes no guardan relación con el saqueo. Tampoco han aumentado las quejas por la implantación de facto de la política comercial de Caixabank en toda la red del banco, antes de hacerse efectiva la compra. Ni por el contenido de unas querellas que dejan estupefactos a muchos (¿se ha premiado al confidente quizás?). No, el caso no guarda relación con tantos ex proveedores molestos desplazados por los administradores del Frob, desde abogados de concursos de acreedores hasta persianeros y fontaneros de las promociones. Tampoco. Ni con ese escrito confidencial que habrían firmado los miembros del comité de dirección. Rien de rien. En realidad, los dos empleados de seguridad del banco de toda la vida, que se conocen al personal de los servicios centrales, necesitaban refuerzos para poner orden. Nuevos proveedores, empresas de servicio vinculadas a Caixabank, personas desconocidas entrando y saliendo del edificio, y usted quién es.
Una sensación así debe de experimentar el entorno del Palau de la Generalitat, que asiste impotente al saqueo de Valencia. Incapaz de crear un equipo de vigilantes de seguridad propio, se lo pone Montoro, que ya está él para tutelar, mientras la vieja economía sigue en proceso de descomposición. Alucinante la escena del conseller Juan Carlos Moragues en un almuerzo con empresarios: que si vamos a crecer, que si vamos a ingresar más... Los comensales no salían de su asombro. A la mayoría de ellos les debe la Generalitat hasta la respiración. «Estamos tan solos...» piensan los empresarios. Català porque no se moja, Císcar en manos de la política, demasiado grande el reto para Bonig... ¿Alguien dispuesto a arrimar el hombro a Fabra en Madrid y... en Valencia? ¿Y a Buch?
Una sensación así debe de experimentar el entorno del Palau de la Generalitat, que asiste impotente al saqueo de Valencia. Incapaz de crear un equipo de vigilantes de seguridad propio, se lo pone Montoro, que ya está él para tutelar, mientras la vieja economía sigue en proceso de descomposición. Alucinante la escena del conseller Juan Carlos Moragues en un almuerzo con empresarios: que si vamos a crecer, que si vamos a ingresar más... Los comensales no salían de su asombro. A la mayoría de ellos les debe la Generalitat hasta la respiración. «Estamos tan solos...» piensan los empresarios. Català porque no se moja, Císcar en manos de la política, demasiado grande el reto para Bonig... ¿Alguien dispuesto a arrimar el hombro a Fabra en Madrid y... en Valencia? ¿Y a Buch?
jueves, 28 de febrero de 2013
El saqueo de Valencia
ENTRAMOS EN la fase más intensa del saqueo de Valencia. Un proceso que tiene rostro humano, el de los centenares de profesionales que han perdido despacho, con fenómenos inéditos como la disponibilidad de oficinas en el Edificio Europa o las dificultades de Pablo Serratosa para completar el aforo del inmueble que compró a Acciona por 24 millones en el Paseo de La Alameda. Por no hablar del desmantelamiento de los servicios centrales que fueron de CAM, Bancaja y Banco de Valencia, epítome del éxodo de materia gris. En Bankia sólo tiene voz y voto su delegado, Antonio Soto, el resto, en un ambiente incierto por el ajuste impuesto desde Bruselas, no se mueve sin la correspondiente indicación de Madrid, ni siquiera brilla como debiera uno de los que se salvó de la quema gracias a su prestigio profesional, el director de Empresas, José María Martínez. En primera fila, los hombres de confianza de Goirigolzarri, en segunda línea, la guardia pretoriana de Caja Madrid. Y si nos atenemos al ámbito político... desde el casi-default del Deutsche Bank, la intervención de facto es un hecho. Pese a que lo ha negado en público, en el mundo empresarial se da por cierto que el nuevo conseller de Hacienda, Juan Carlos Moragues, responde al mandato de Montoro: «El sucesor de Vela, debe ser de los nuestros, uno de Hacienda».
Valencia deslumbró con su Copa América y puso en guardia quizás a grupos de poder. Nuestra debilidad ha sido siempre la aleación de sector público e iniciativa privada, una economía dependiente y tutelada. La aparente falta de riesgo ha sido la guillotina de los incautos. El saqueo alcanzará su momento cenital en el traspaso del Banco de Valencia (es llamativo que el Banco de España ni siquiera informe al Consell de las querellas que sacudirán al mundo empresarial local). Caixabank se lo queda por un euro gracias a la perspicacia de los autores del informe de Oliver Wyman que, como dijimos aquí antes que nadie, convencieron al mundo de que la cartera crediticia de Fainé es de mejor calidad que la de Botín y González, y olé. Aunque hay un desembarco más silencioso, el inmobiliario. Anda por aquí la gente de Amancio Ortega —su Ponte Gadea asesorada por Broseta Abogados—, pero también fondos extranjeros y españoles, dispuestos a quedarse edificios. En enero, hubo al menos seis grandes operaciones, con compradores de Argentina, de Panamá, del Norte de Europa, locales, claro. Valencia representa menos riesgo que Barcelona para muchos. El saqueo. A precio de saldo. Hasta un club de fútbol si lo desean. Sírvanse.
Valencia deslumbró con su Copa América y puso en guardia quizás a grupos de poder. Nuestra debilidad ha sido siempre la aleación de sector público e iniciativa privada, una economía dependiente y tutelada. La aparente falta de riesgo ha sido la guillotina de los incautos. El saqueo alcanzará su momento cenital en el traspaso del Banco de Valencia (es llamativo que el Banco de España ni siquiera informe al Consell de las querellas que sacudirán al mundo empresarial local). Caixabank se lo queda por un euro gracias a la perspicacia de los autores del informe de Oliver Wyman que, como dijimos aquí antes que nadie, convencieron al mundo de que la cartera crediticia de Fainé es de mejor calidad que la de Botín y González, y olé. Aunque hay un desembarco más silencioso, el inmobiliario. Anda por aquí la gente de Amancio Ortega —su Ponte Gadea asesorada por Broseta Abogados—, pero también fondos extranjeros y españoles, dispuestos a quedarse edificios. En enero, hubo al menos seis grandes operaciones, con compradores de Argentina, de Panamá, del Norte de Europa, locales, claro. Valencia representa menos riesgo que Barcelona para muchos. El saqueo. A precio de saldo. Hasta un club de fútbol si lo desean. Sírvanse.
viernes, 22 de febrero de 2013
Asimetría
ES UN ESCÁNDALO. Uno de los mayores de la democracia. A la altura del bloqueo de la A-3 y el AVE, o del modelo de financiación. Si no más. Porque si electrizante es que no te den, tenebroso es que te quiten. Es el escándalo de la reestructuración financiera asimétrica (una medicina para Valencia, otra para el resto) que ha alcanzado la cumbre de la ignominia en la quita de las preferentes, convirtiendo a miles de valencianos en ciudadanos de segunda: sólo un 14% de lo invertido recuperarán los ex clientes de Bancaja, y un 10-15% los de Banco Valencia. Por contra, los ex de Caja Madrid y CatalunyaCaixa tienen garantizado el 50-60% de su dinero y, vía arbitraje, en muchos casos el 100%. Todo un reto político para el Consell de Alberto Fabra, que debe empezar a dar golpes sobre la mesa. Le ayudará en esto en la capital algún lobbista de nuevo cuño, que a este paso haremos bueno al envenenador.
Tres son los agravios en esta reestructuración financiera asimétrica. Uno, el canje de preferentes de Bancaja y el acuerdo para Banco de Valencia adoptado por Frob y Caixabank. Ojo, Isidro Fainé debería tomar nota de los malabarismos que le ha tocado hacer, a quita pasada, al Sabadell para evitar la fuga de clientes. Dos, la toma del consejo de administración por el Frob, cosa que al parecer otros, en idénticas circunstancias, no han consentido. Y tres, la dura investigación mediante forensic (no la ha habido en Madrid ni en Cataluña).
Ahora anuncia Linde que toca Bancaja Habitat. Fantástico. Que investiguen, por supuesto. Cuanto más, mejor. Pero sin excepción. O todos tirios, o todos troyanos. ¿Acaso Deloitte no auditaba a la práctica totalidad del sector financiero? ¿No era Tinsa la tasadora más habitual (el oscuro mundo de las tasaciones... «me sentaba con cinco y cada una me daba un precio diferente», cuenta un alto directivo)?
En fin, conviene ir preparándose. Quién sabe qué palabras utilizará el presidente de Mercadona, Juan Roig, en su próxima presentación de resultados, pero en la cúpula de su compañía se tiene claro que, ay ministro Guindos, este año tampoco.
Anécdota luctuosa: Reunión de la exlusiva Luxury Real Estate, asociación de 1.500 inmobiliarias de lujo, europeas, norteamericanas y chinas, en contacto con cotizados y millonarios inversores. Quién las tuviera a tiro. Pues nadie del Consell acude a cazar. Nadie. Había que estar en Fitur y atender a Rita Barberá tras el triste fallecimiento de su madre. Nadie del Consell. Pero sí José Salinas, del Convention Bureau e íntimo de la alcaldesa. Al césar lo que es del césar.
Tres son los agravios en esta reestructuración financiera asimétrica. Uno, el canje de preferentes de Bancaja y el acuerdo para Banco de Valencia adoptado por Frob y Caixabank. Ojo, Isidro Fainé debería tomar nota de los malabarismos que le ha tocado hacer, a quita pasada, al Sabadell para evitar la fuga de clientes. Dos, la toma del consejo de administración por el Frob, cosa que al parecer otros, en idénticas circunstancias, no han consentido. Y tres, la dura investigación mediante forensic (no la ha habido en Madrid ni en Cataluña).
Ahora anuncia Linde que toca Bancaja Habitat. Fantástico. Que investiguen, por supuesto. Cuanto más, mejor. Pero sin excepción. O todos tirios, o todos troyanos. ¿Acaso Deloitte no auditaba a la práctica totalidad del sector financiero? ¿No era Tinsa la tasadora más habitual (el oscuro mundo de las tasaciones... «me sentaba con cinco y cada una me daba un precio diferente», cuenta un alto directivo)?
En fin, conviene ir preparándose. Quién sabe qué palabras utilizará el presidente de Mercadona, Juan Roig, en su próxima presentación de resultados, pero en la cúpula de su compañía se tiene claro que, ay ministro Guindos, este año tampoco.
Anécdota luctuosa: Reunión de la exlusiva Luxury Real Estate, asociación de 1.500 inmobiliarias de lujo, europeas, norteamericanas y chinas, en contacto con cotizados y millonarios inversores. Quién las tuviera a tiro. Pues nadie del Consell acude a cazar. Nadie. Había que estar en Fitur y atender a Rita Barberá tras el triste fallecimiento de su madre. Nadie del Consell. Pero sí José Salinas, del Convention Bureau e íntimo de la alcaldesa. Al césar lo que es del césar.
viernes, 15 de febrero de 2013
El hombre que hizo de sí mismo un lobby
Sucede que algunos líderes empresariales, en el momento de su relevo al frente de sus organizaciones, se resisten, les invade la sensación de que después de ellos sobrevendrá el caos, víctimas de una identificación insalvable entre su destino y el del cargo que abandonan. Arturo Virosque no fue ajeno a esos síntomas y hasta el último momento dejó abierta la posibilidad de presentarse, una vez más, después de 15 años de mandato, a la reelección como presidente de la Cámara de Comercio de Valencia, puesto desde el que ocupó la vicepresidencia del Consejo Superior de Cámaras de Comercio de España, en paralelo a su puesto en la junta directiva de CEOE desde 1981.
Virosque reunió durante toda su trayectoria institucional el perfil de dirigente tutor. Ejerció su peculiar tutela, consentida o voluntarista, sobre instituciones como Feria Valencia, el instituto valenciano de la mediana empresa (Impiva) o el Puerto (su delfín siempre fue Vicente Boluda); sobre políticos, como Francisco Camps, al que conoció cuando era un niño, solía recordar; y sobre empresarios de la Comunidad Valenciana, con capacidad de veto durante muchos años sobre los candidatos a presidir otras organizaciones.
Sentía como una responsabilidad personal lo que en realidad era un problema colectivo, y eso le llevó a protagonizar excesos, como su enfrentamiento público con un consejero valenciando de Industria, Justo Nieto, al que acusó de potenciar al mundo universitario frente al empresarial. No le faltaba olfato para movilizar a la opinión pública con frases punzantes para desgastar a aquellos a quienes consideró alguna vez rivales.
Virosque compatibilizaba esa cualidad con expresiones de admiración personal realmente explícitas hacia otras personas. Los que le trataban a diario conocían esa doble faceta de su personalidad, la del dirigente inflexible y lineal, y la del líder partenalista y curvilíneo.
Se consideró permanentemente empresario del transporte, un sector en el que se hizo un nombre en el negocio de las grúas. Siempre contaba que su empresa creció sin acudir a contratos públicos, sin deber nada a la Administración, cosa que solía causar controversia en el auditorio. Y le gustaba apostillar: «A diferencia de otros».
Desde la presidencia de los transportistas dio el salto al mundo cameral y no es extraño, por eso, que dedicara la mayor parte de sus esfuerzos a promover inversiones en infraestructuras de comunicación clave para la Comunidad Valenciana, como el AVE Madrid-Valencia, la salida norte del Puerto de Valencia, una obra en el aire, la terminal de carga del Aeropuerto de Manises cuya paternidad siempre se arrogó, o el Eje ferroviario Kiev-Lisboa.
Cuando abandonó el cargo en la Cámara de Valencia, los fondos propios de la institución contaban con 20 millones de euros, un colchón fundamental para hacer frente a la desaparición de las cuotas camerales. Esa cifra da la medida de su estilo severo y ortodoxo.
Recibió una institución en proceso de descomposición financiera, enfrentada a grandes empresas presentes en la Comunidad Valenciana, como Ford, por la polémica de las cuotas camerales obligatorias, y aplicó desde el principio una política de ajustes y contención del gasto con la que resistió la batalla y sentó las bases de la expansión durante los siguientes años.
Virosque fue vicepresidente de Bancaja, puesto que abandonó con un regusto crítico. En una de sus últimas entrevistas, expuso a este diario convicciones, y la moraleja tras sus aventuras: «Cuando he sido crítico con la Administración valenciana me han cascado y no me apoyaron ni los medios de comunicación».
Virosque reunió durante toda su trayectoria institucional el perfil de dirigente tutor. Ejerció su peculiar tutela, consentida o voluntarista, sobre instituciones como Feria Valencia, el instituto valenciano de la mediana empresa (Impiva) o el Puerto (su delfín siempre fue Vicente Boluda); sobre políticos, como Francisco Camps, al que conoció cuando era un niño, solía recordar; y sobre empresarios de la Comunidad Valenciana, con capacidad de veto durante muchos años sobre los candidatos a presidir otras organizaciones.
Sentía como una responsabilidad personal lo que en realidad era un problema colectivo, y eso le llevó a protagonizar excesos, como su enfrentamiento público con un consejero valenciando de Industria, Justo Nieto, al que acusó de potenciar al mundo universitario frente al empresarial. No le faltaba olfato para movilizar a la opinión pública con frases punzantes para desgastar a aquellos a quienes consideró alguna vez rivales.
Virosque compatibilizaba esa cualidad con expresiones de admiración personal realmente explícitas hacia otras personas. Los que le trataban a diario conocían esa doble faceta de su personalidad, la del dirigente inflexible y lineal, y la del líder partenalista y curvilíneo.
Se consideró permanentemente empresario del transporte, un sector en el que se hizo un nombre en el negocio de las grúas. Siempre contaba que su empresa creció sin acudir a contratos públicos, sin deber nada a la Administración, cosa que solía causar controversia en el auditorio. Y le gustaba apostillar: «A diferencia de otros».
Desde la presidencia de los transportistas dio el salto al mundo cameral y no es extraño, por eso, que dedicara la mayor parte de sus esfuerzos a promover inversiones en infraestructuras de comunicación clave para la Comunidad Valenciana, como el AVE Madrid-Valencia, la salida norte del Puerto de Valencia, una obra en el aire, la terminal de carga del Aeropuerto de Manises cuya paternidad siempre se arrogó, o el Eje ferroviario Kiev-Lisboa.
Cuando abandonó el cargo en la Cámara de Valencia, los fondos propios de la institución contaban con 20 millones de euros, un colchón fundamental para hacer frente a la desaparición de las cuotas camerales. Esa cifra da la medida de su estilo severo y ortodoxo.
Recibió una institución en proceso de descomposición financiera, enfrentada a grandes empresas presentes en la Comunidad Valenciana, como Ford, por la polémica de las cuotas camerales obligatorias, y aplicó desde el principio una política de ajustes y contención del gasto con la que resistió la batalla y sentó las bases de la expansión durante los siguientes años.
Virosque fue vicepresidente de Bancaja, puesto que abandonó con un regusto crítico. En una de sus últimas entrevistas, expuso a este diario convicciones, y la moraleja tras sus aventuras: «Cuando he sido crítico con la Administración valenciana me han cascado y no me apoyaron ni los medios de comunicación».
jueves, 14 de febrero de 2013
Humillación
EPPUR SI MUOVE. Nos está quedando una Comunidad Valenciana de lo más irreconocible, después del paso del tsunami económico-político. Pero el espíritu da señales de voluntad de permanencia. Hecho que conviene afrontar de forma desapasionada. Un empresario quedó estupefacto recientemente tras reunirse con varios municipios de La Ribera (no diré nombres, ay): aparecen ya en el horizonte PAI y polígonos industriales por aprobar, una cosa la del suelo en la que sí tenemos know how. Pero la crisis nos ha enseñado que la medida del político eficiente, o evidente, como gusta al IESE, está más próxima a la del comercial que descubre ingresos que a la del podador de gastos. De modo que se requiere, ya, una estrategia sensata y colectiva.
Ahí está el suelo de La Reva, en el triángulo de oro situado entre la A-7, la A-3 y el by-pass, el sueño de cualquier alcalde, pensará el de Chiva, José Manuel Haro. El terreno de siete millones de metros cuadrados que comparten una filial de Lehman Brothers (50%) y conocidas sociedades locales, un par de ellas participadas por Banco de Valencia y Bancaja, sigue cubierto de naranjos (la cosecha es propiedad de Llanera hasta este mayo, porque suyo es el derecho de superficie). Así es casi una década después del reparto de hanegadas bajo el mandato en Territorio de Rafael Blasco.
Su sucesora en la Conselleria, Isabel Bonig, tiene sobre la mesa un proyecto de Actuación Territorial Estratégica (ATE) de 12 millones de metros cuadrados elaborado por AIC Equip, de Juan Añón, y avalado por un estudio del IVIE que certifica que el área metropolitana de Valencia es una de las pocas de Europa con ese potencial de expansión. El proyecto duerme sin que nadie sepa muy bien por qué. Y así.
De lo que no hay duda es de las intenciones de Caixabank en Banco Valencia. Si las había, ahí está la quita de las preferentes y un consejo de administración que lo dice todo. La presencia de Joaquim Gay, presidente de la patronal catalana, se considera «un escándalo» por sus colegas valencianos (los mismos que ayudaron a aupar a su antecesor, Juan Rosell, a la CEOE). Incluir como ¡único! representante local a Alberto Catalá sólo puede interpretarse como un signo de indiferencia. Nada de pactar con la Generalitat, que no ha pinta nada, és clar. Lo cual que podemos prepararnos —puede prepararse la alcaldesa Barberá— para lo que viene en Aguas de Valencia. «Será un rodillo». Lo tienen claro hasta en los servicios centrales del todavía banco valenciano. Después de las ayudas recibidas, Caixabank debió plantearse un desembarco respetuoso en Valencia. Ahora ese parece un deseo inocente. Es una humillación.
Ahí está el suelo de La Reva, en el triángulo de oro situado entre la A-7, la A-3 y el by-pass, el sueño de cualquier alcalde, pensará el de Chiva, José Manuel Haro. El terreno de siete millones de metros cuadrados que comparten una filial de Lehman Brothers (50%) y conocidas sociedades locales, un par de ellas participadas por Banco de Valencia y Bancaja, sigue cubierto de naranjos (la cosecha es propiedad de Llanera hasta este mayo, porque suyo es el derecho de superficie). Así es casi una década después del reparto de hanegadas bajo el mandato en Territorio de Rafael Blasco.
Su sucesora en la Conselleria, Isabel Bonig, tiene sobre la mesa un proyecto de Actuación Territorial Estratégica (ATE) de 12 millones de metros cuadrados elaborado por AIC Equip, de Juan Añón, y avalado por un estudio del IVIE que certifica que el área metropolitana de Valencia es una de las pocas de Europa con ese potencial de expansión. El proyecto duerme sin que nadie sepa muy bien por qué. Y así.
De lo que no hay duda es de las intenciones de Caixabank en Banco Valencia. Si las había, ahí está la quita de las preferentes y un consejo de administración que lo dice todo. La presencia de Joaquim Gay, presidente de la patronal catalana, se considera «un escándalo» por sus colegas valencianos (los mismos que ayudaron a aupar a su antecesor, Juan Rosell, a la CEOE). Incluir como ¡único! representante local a Alberto Catalá sólo puede interpretarse como un signo de indiferencia. Nada de pactar con la Generalitat, que no ha pinta nada, és clar. Lo cual que podemos prepararnos —puede prepararse la alcaldesa Barberá— para lo que viene en Aguas de Valencia. «Será un rodillo». Lo tienen claro hasta en los servicios centrales del todavía banco valenciano. Después de las ayudas recibidas, Caixabank debió plantearse un desembarco respetuoso en Valencia. Ahora ese parece un deseo inocente. Es una humillación.
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