jueves, 22 de noviembre de 2012

Ley y cambio

AÚN NO HA llegado el día en que la Administración de Alberto Fabra y los empresarios hablen el mismo lenguaje, y ya va siendo hora. En una reunión reciente, un inversor se interesó por el edificio de la Generalitat en la avenida de Aragón, que ocupaba el Ayuntamiento y se alquilará a Hacienda. El precio: 30 millones de euros. Ingresos vía arrendamiento: un millón anual. Rentabilidad: 3% a 30 años. Cualquier empresario con liquidez entiende que ese es un planteamiento rácano en un entorno en el que hasta el Tesoro paga un 6% por sus letras. «Son cosas de Patrimonio», explican en otra sala del Consell. O de los abogados de los servicios jurídicos, trasunto de agentes aduaneros entre el amplio mundo de los sueños público-privados y la realidad de los estrechos pasillos administrativos, atascados como están en el sofoco de Dante: «corto es mi verbo, y no llega tampoco / a mi concepto». Contra su escollera se estrella cualquier forma de creatividad, ya sea para definir la futura Marina Real Juan Carlos I, ya para resolver el puzzle de la reestructuración del sector público.
Lo cual nos lleva al grave problema que representa en estos momentos una legislación inservible, anacrónica y endiabladamente garantista. Que el ‘aggiornamiento’ de la Administración autonómica tenga que ajustarse el corsé de una normativa aprobada hace 20 años, una de cuyas aportaciones nucleares fue convertir el proceso de subasta en la principal fórmula jurídicamente disponible, parece una licencia insostenible. Con difícil aceptación de opciones alternativas, como la constitución de sociedades con participación de capital privado, por ejemplo, es complicado crear un canal entre la Generalitat sedienta y el dinero embalsado en el mundo empresarial. Es tal el ‘gap’, que se comprende la impaciencia de empresas como Tissat, que saben que la Administración quiere salir de su capital, pero no cuándo, ni cómo. Y hay socios, y hay oportunidades, ¡y hay que moverse!
Aparecen en un entorno tan hostil signos de gestión pública caníbal, lo cual promete acontecimientos de lo más entretenidos. Pablo Landecho le pidió al secretario de Estado Antonio Beteta más negocio para incrementar los ingresos del Consorcio 2007, con la mirada puesta, como es natural, en el Puerto de Valencia que preside Rafael Aznar, tan elegante en sus formas, como firme en la defensa de sus predios. Y más si sale bien la jugada que su vicepresidente Juan Antonio Delgado ha empezado a cocinar en China. Entiéndase.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La cosa de ser

SE AGRADECE que el secretario general del Ministerio de Industria, Luis Valero, baje a saludarte mientras te entrevistas con el director general de Industria, Manuel Valle, en Madrid. Es una de las ventajas que tiene llamarse Máximo Buch y ser el único miembro del Consell que llegó procedente del sector privado. Lo cual supone un buen indicador para el nuevo Consell que los empresarios urgen al presidente Fabra (aunque, conseller, las formas son la esencia de la política, y hay que cuidarlas incluso en privado con los institutos tecnológicos).
Sí. En todas las quinielas aparece la titular de Turismo, Lola Johnson, a la que un histórico del sector desea suerte en su proyecto de conseguir una marca única para la Comunidad. «Después de debatir y debatir, hace años propuse esta: Crazy Coast, Costa de los Locos», dice un empresario turístico. Menudo papelón le dejó Francisco Camps, al pasar todo el negocio de los viajes del Consell a la filial de una gran cadena de distribución, la misma que ha ido cortando una a una con la mayoría de las Consellerias y que decidió dejar de trabajar con el Palau de les Arts, que los divos comen parné.
Así, ha trascendido que Fabra se toma en serio lo de la austeridad en sus viajes, que a ser posible nunca más de cuatro estrellas y tampoco pasa nada si es de tres. Y por lo general avión low cost. El AVE, ay, está poniendo a prueba a otros miembros del Consell, que un día sí en preferente y otro no. Pero la alcaldesa Rita Barberá siempre en business y en hotel de cinco estrellas, por supuesto.
Barberá, por cierto, ha demostrado quién manda en Feria Valencia, por si alguien tenía dudas. Un golpe en la mesa ante los empresarios, sí. Pero es un juego muy arriesgado, ojo. Hacerse acreedor de todo el poder no sólo implica, en efecto, el derecho a dirigir el voto en contra de la propia Feria en el asunto del Palacio de Congresos. Sino también el deber de asumir la gestión del equipo de Alberto Catalá. Que no se trata de pedir los derechos, pero no las obligaciones. Y eso quizás ya no resulta tan agradable.
Sobre todo si una se entera de que la Fiscalía solicitó al juez, y éste lo hizo en junio, que requiriera a la Feria el informe de auditoría de 2011 (entregado en julio) y, sobre todo, la justificación de por qué Catalá firmó tres contratos por encima de los 120.000 euros anuales, una cantidad para la que necesita el visto bueno del comité ejecutivo. La Feria asegura que en su respuesta demostró que tenía mandato del comité en dos casos y que en el tercero no era necesario. ¿Aceptará eso el juez, Rita?

viernes, 9 de noviembre de 2012

Llegar a la orilla

CÓMO SE PRESENTA el final de año. Se agotan los cartuchos para cumplir objetivos y eso no siempre eso va a ser posible. Que se lo digan a los abogados de los grandes despachos, a razón de 600.000 euros de exigencia de facturación para los asociados y de un millón para los socios, unas cifras que rozan lo quimérico en Valencia, ni siquiera para los fichajes de última hora, la cantera humeante de Garrigues, de Broseta para el sector público («Rosa Vidal dice que se va a Canal 9 porque tiene vocación de servicio público, que sí, aunque cobrará mucho menos; le han dado una fama de perro de presa que no le viene nada mal»). Y, claro, los precios no son los mismos, y los plazos de cobro tampoco, y las tarjetas de presentación vuelan, ziu, ziu, como pelotas de tenis, arte en el que ya se ha fajado, para frustación de sus competidores, el ex vicepresidente Vicente Rambla, en Cuatrecasas. Y ojo con las áreas de auditoría. Ahí está Deloitte, recuperándose del hachazo tras perder a sus principales clientes, cajas y Banco Valencia, y con ellos, las participadas.
Para llegar a fin de año con la mayor dignidad posible, los bancos se han lanzado a vender casas, que mejor en el mercado que en el banco malo. Y descubren que empieza a haber compradores. Una hora tardó BBVA en colocar nueve viviendas de 200 metros de los antiguos Juzgados al rebajarlas de 1,6 millones a 700.000 euros. Y así. Pero el grifo del crédito sigue cerrado y no todas las empresas tienen garantizado alcanzar a tiempo la orilla del 2013, en el que muchos empiezan a olfatear el cambio de aires. Ni siquiera firmas de prestigio tecnológico, como Celartia, en concurso de acreedores. Al productor de paneles fotovoltaicos Siliken, hay que desearle suerte para que logre evitarlo.
Normal que emerjan posiciones maximalistas. Un destacado dirigente patronal, comunicó por carta la semana pasada a la consellera Català que se negaba a asistir a la presentación de su web de empleo, simplemente porque su federación quizás se vea obligada a despedir gente. Al menos tuvo el detalle de explicar su ausencia, fue de cara. Pero su gesto puede provocar un fuerte debate. Es difícil entenderse con un Consell que tiene a cuatro miembros dedicados exclusivamente a cobrar todo aquello susceptible de ser cobrado. A partir de ahí, algunos aplauden los esfuerzos de Fabra y culpan a los diputados del PP, incluido González Pons, del desastre de los Presupuestos (aún queda el Senado, ¿no?); otros dan por rotos los lazos y amenazan con ir por libre. En esa tesitura, ¿qué dirigente empresarial tiene capacidad para imponer unidad?

Solos, pero

ESTAMOS BASTANTE SOLOS. Diría que completamente solos, pero quizás la imagen que mejor define la situación de la Comunidad Valenciana no sea la del aislamiento, sino la del exceso de observación. Como Juno, transformada en ternera por Ovidio en su Metamorfosis, vivimos bajo el exclavizante yugo de Argos, el dios de los cien ojos. «Rajoy no se fía de nadie», es la conclusión a la que han llegado los empresarios después del humillante trato en los Presupuestos. En lenguaje político contemporáneo, aquel mito antiguo recibiría el nombre de «intervención».
Sin acceso a los ministros. Sin valencianos, ni parientes, en los segundos niveles del Gobierno —desapercibida ha pasado la limpia por parte de Wert de lo poco que había, al relevar a Amparo Camarero y Dolores Calvo—. Sin nombres de peso en el Congreso de los Diputados: González Pons out, el resto de perfil (vaya fichaje el de Belén Juste) y hasta Martínez Pujalte, secretario que fue de la Cámara de Valencia, mirando a Murcia. Normal que se produzcan anécdotas sonrojantes como la de que los empresarios se enteren en internet de que se va a disolver Bancaja por decreto. Comprensible que la patronal de Valencia planee convocar a los diputados nacionales de todos los partidos para preguntarles a qué se dedican en Madrid.
Aunque hay algo más: sin concierto entre los dirigentes empresariales para propiciar reuniones con miembros del Ejecutivo central —Rodrigo Rato y Pedro Solbes recibieron en su despacho ministerial a Cierval y Cámaras en otros tiempos—.
Ese es nuestro delicado estado actual, náufragos en la corriente de tibia «mendacidad objetiva», en expresión de Walter Benjamin, que desconcierta al país y encabrita a la prima de riesgo.
En la fábula representada insuperablemente por Velázquez, Júpiter envía a su hijo Mercurio al rescate de Juno. Triunfa porque, en lugar de enfrentarse a Argos, le duerme con la música de un camarillo. Vence con inteligencia. He ahí la tarea colectiva en la que de forma irremediable estamos todos condenados a implicarnos. «Atraído por el arte de aquel nuevo sonido, le dijo: ‘Quien quiera que seas, podrías sentarte conmigo sobre esta roca’». Impensable recuperar la confianza del entorno de Rajoy sin una estrategia compartida y sin un liderazgo avalado. Motivo de reflexión profunda en el seno de un PP que debe reforzar al presidente, su líder, y no distraerse en personalismos. Y también en el mundo empresarial, donde AVE, Cierval y Cámaras parecen hablar en planos distintos, quizás a la espera de que Rosell y Teruel acudan al rescate. No habrá tal.

jueves, 18 de octubre de 2012

Equidistancia

QUIZÁS con su marcha a tierras británicas en septiembre, la ex secretaria autonómica de Territorio, Arancha Muñoz, se llevó el secreto de por qué no se ha abierto más la puerta al silencio positivo en la ley urbanística en la que tanto trabajó. Los empresarios andan molestos con la consellera Isabel Bonig por este asunto. En su opinión, tanto ella como el director de Urbanismo, Juan Giner, encargado ahora del tema, tendrían que copiar el texto de comunidades afines, y ya. Cuidado, la ley se sitúa en el epicentro del problema, la siguen de cerca promotores, constructores, ayuntamientos, bancos, tasadores, propietarios de terrenos... hasta Bruselas. El malestar ha difundido la especie de que al Consell no le gustaría instaurar el silencio positivo en algunos trámites porque supondría, bueno, en fin, tener que responder antes de tres meses. Y eso alguien como Muñoz, que desde Paisaje, en la etapa de Cotino, aburrió a tantas empresas con su pertinaz bloqueo de expedientes, no se lo podía permitir. Cosas de empresarios.
Colea, después de la semana de las dos fiestas nacionales, la cuestión de la posible pérdida de la mayoría absoluta del PP. Muchos apuestan a que la equidistancia política del presidente de Cierval, José Vicente González —«se preocupa más de la presidencia que de la organización», se oye por ahí—, se va a acentuar, con nuevos gestos hacia la oposición de izquierdas y menos aplausos a la Generalitat-PP. Una estrategia que le reforzaría en caso de cambio, pero le podría crear problemas para renovar si ganan los populares. ¿Injusto? Pocos recuerdan que, en otros tiempos, el representante de los empresarios en los actos del PSPV —tal que la conferencia del entonces comisario europeo Pedro Solbes—, solía ser el actual presidente de la CEV, Salvador Navarro, acompañado de su amigo, el ahora director de Feria Valencia, Enrique Soto, bien vistos ambos en Blanquerías. En fin, si no eres verso suelto, eres estratega.
En el lado sindical, crece un debate de interés general: ¿Interesa el modelo al que nos conduce la radical bipolaridad de la Administración, el duopolio sin otras voces de UGT y CCOO? No pagan la hipoteca, ¡ni el IBI! de sus sedes, a diferencia de pequeñas centrales como SI, USO y CSIF, que se subieron como aquéllos a la cresta de las ayudas públicas y se debaten ahora entre la respiración asistida o la liquidación. ¡4.950 euros recibió una de ellas del Consell el mes pasado! Sólo ganan a los grandes en algo: la FSP-UGT de Lozano se lamenta tras perder de 30 liberados; pero, ay, cuántos se habrían hecho del CSIF de haber sabido el trato que recibirían.

jueves, 4 de octubre de 2012

Barbacoa money

LA ECONOMÍA llega exánime a las puertas del rescate. Los Presupuestos de 2013 han caído como una losa sobre el enorme manto de empresarios que quieren dejar de ser ya empresarios para no perder su patrimonio personal, un fenómeno sociológico del máximo interés que merecería más sensibilidad de la Administración. Están hartos. Lo cual ha despertado el apetito de fondos y de competidores de otros países. La tecnología y, en la mayoría de los casos, la red comercial, están en el mercado a precio de ganga. «Hemos perdido lo más valioso, el capital humano», se lamentaba José Blasco, del mueble. Pero ¿cómo valorar empresas en pérdidas, sin ebitda? Imaginación al poder: una firma italiana de telecomunicaciones negocia quedarse una valenciana pagando varias veces el ¡ahorro! que eso le reportará en su desembarco en España. Puro saldo.
El lado positivo es que el dinero inversor empieza a otear el terreno. Un día son fondos mexicanos, otro una multinacional alemana, al siguiente un capital riesgo como Realza que despierta después de tres años de letargo... Las oportunidades son finitas, no conviene dormirse en los laureles, y algunos las cazan al vuelo. Sólo hay que estar ahí. Hace unos días, el fundador de Skype, Niklas Zennström, participó en una barbacoa privada en Las Ánimas del Puerto, con lo más exquisito de la Audi Valencia Cup: Alberto Roemmers, propietario de la primera farmacéutica de Lationoamérica; Andy Soriano, cuarta fortuna de Filipinas; Doug De Vos, hijo del dueño de los Orlando Magic de la NBA; o el armador Tony Buckingham. Zennström habló un buen rato con el conseller Máximo Buch y le trasladó que podría interesarle Valencia para una base de veleros.
Una idea más para el Consorcio que dirige Pablo Landecho y para Rita Barberá, que tiene en ese rinconcito del Puerto, y no en el Palacio de Congresos, el gran desafío de la legislatura. Valencia debe lanzar al mundo un mensaje de vanguardia, producir algo que entusiasme, el iPhone5 de las dársenas. Algo perdurable que ponga final a los ecos de la Copa América, cumpliendo el mandato de Picasso de que «acabar una obra es acabar con ella».
Mientras, los empresarios siguen buscando su sitio. Se habla ya de que Alberto Fabra prepare el terreno para lanzar en el futuro una de las dos fichas bancarias que quedan vivas: si la del Banco de Valencia no puede ser, Caixa Ontinyent es la única opción de tener una entidad autóctona... De lo que podemos despedirnos ya es de la marca Bancaja. Bankia ha decidido deshacerse de ella. Sus clientes aún la valoran, pero ahuyenta a los que no lo son.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Zorros y naranjas

CASI IMPERCEPTIBLE, la recolección de cítricos ha comenzado. Y lo ha hecho corroborando una de las máximas recientes del presidente de Mercadona, Juan Roig, la de que los españoles siguen sin ir a recoger naranja. Entre 40 y 50 euros al día, unos 900 al mes si respeta la lluvia, no resultan suficiente atractivo todavía, de modo que los nacionales continúan en minoría en las cuadrillas. En fin, nunca se había escuchado un lamento tan grave sobre el incierto destino de nuestros cítricos, una actividad económica en la que pudimos ser referente mundial, con mercado de futuros incluido, pero que no hemos sabido gestionar como proyecto colectivo y empieza a desaparecer del paisaje. ERE y concursos de acreedores ya no son un mal exclusivo de las cooperativas y se extienden también a los comercios privados. Parece ser el sino de esta Comunidad, vaya.
Aunque a veces algo se avanza. Las llamadas a una solución pactada en el asunto del Palacio de Congresos germinaron en un pleno de la Cámara de Comercio al que acudió, ¡un año después!, el gerente José Salinas (Morata debió avisar a Navarro). La reunión sirvió para medir la falta de coherencia entre las esferas privada y pública de algunos, y ofreció altavoz al bravo Vicente Blasco, que proclamó: «ni un céntimo público» para ampliar un recinto vacío... ¡más del 80% del año! (¿no lo sabían? Hagan cuentas). Viejo zorro, Alfonso Grau, quiso darle pátina institucional al tema un día después, que es lo mismo que decir que se hizo la foto, pero se tuvo que tragar el aval. Eso es mucho más de lo que hasta hace poco hubiera consentido Rita Barberá.
El tema ha permitido visualizar los estilos y funciones de la posible alianza Cámara-CEV. José Vicente Morata y Salvador Navarro, asesorados por segundos espadas casi siempre comunes, deben coincidir en lanzar el mismo mensaje: no estarán callados, pero sin bravuconadas. Se hablará con argumentos y si hay que pactar, se pactará. Interesante este polo común en un momento en que sus hermanos mayores, CEOE y Consejo Superior de Cámaras, amagan con una batalla de altura. Resulta que los patronos se enteraron de que el Gobierno reformará la Ley de Cámaras para darles la gestión de servicios públicos. Lo que se conoce como modelo continental. Algunos en CEOE alzaron la voz, pero se han encontrado con que personajes como Arturo Fernández son presidentes de patronal y Cámara de Madrid. O sea, que el lío está montado. ¿Reforzará esta prueba aún más a los empresarios valencianos?