DEL
CAMBIO de coordenadas en esto de la crisis da cuenta el tránsito efectuado en
los últimos meses desde un estadio de partida basado en el imprescindible
cálculo del agujero en el sistema financiero y en las cuentas públicas (fijar
el dato definitivamente supondría más del 50% de la solución), hasta un nuevo
estadio de depuración y castigo a los responsables de ese desaguisado, tarea
ésta que nos está sirviendo para certificar la bajeza moral de un porcentaje
inasumible de nuestra casta política y de muchos de sus amiguetes y la familia
qué tal.
Las
consecuencias se conocerán en los próximos meses, que ya está bien y vamos a
poner esto en marcha de una vez por todas. Habrá rescates más o menos
suavizados y habrá penas de cárcel, ese es el mínimo a partir del cual
construir el futuro. Lo difícil será liderar el cambio cultural y la
regeneración que necesita esta sociedad, algo para lo que no faltan escépticos.
Por poner un ejemplo reciente: es comprensible la indignación de Sánchez
Gordillo y sus 'gorillas', su hartazgo (el de todos) está justificado, su
modelo cooperativo funciona, dentro de lo que puede funcionar un modelo
cooperativo como el de este personaje, y proclamo: no os quedéis en la anécdota
del fantoche, escuchad el latir de fondo, el monumental cabreo de una sociedad
cansada de sinvergüenzas, no minusvaloréis el fenómeno. Dicho esto, ni Sánchez
Gordillo está legitimado para decidir quién tiene que ser el pagano de su
indignación, ni es de sentido común que sea precisamente Mercadona...
¡Mercadona! De risa. Tipical spanish. Atacar a Mercadona es el ludismo del
siglo XXI, ¡venga ya!, ¡si acaso continúen su bronca destruyendo fibra óptica
para aniquilar a Facebook!
Se
temen las consecuencias de la depuración que está por venir, y en esto aparece
la operación del Valencia CF y la financiación de Bankia para terminar el nuevo
Mestalla. Un acuerdo con mucho más cálculo estético que financiero, pensado
para valencianizar a Rato, con el que se han encontrado Goirigolzarri y el
cenobio europeo que debe inyectar 23.000 millones al banco. De momento, la UTE
constructora, FCC y Bertolín, no sabe nada del dinero, lo cual complica mucho
que los trabajos empiecen en septiembre. Sí es cierto que han recompuesto
plantilla y están llamando a proveedores para elaborar un nuevo presupuesto más
económico. Ellos, y otros gigantes de la construcción dispuestos a presentar
una factura alternativa. La indemnización por incumplimiento de contrato, la
clave.
LLEGARÁN
LOS PAGOS, pero las subvenciones no volverán en un tiempo. Las organizaciones
empresariales, como los proveedores, recibirán lo que se les adeuda y obtendrán
el alivio financiero que necesitan para abordar su verdadero gran desafío:
redefinir su papel y reposicionar los liderazgos. A nadie se le oculta que el
actual equilibrio de patronales, cámaras y lobbies forma parte del pasado y que
su viabilidad está condicionada al descubrimiento del nuevo rol de cada uno.
No
va a ser tarea fácil. Por un lado, la crisis de la construcción y el sector
inmobiliario ha concentrado el poder y ha dirigido la estrategia de las
organizaciones en torno al sector industrial, el mejor indicativo del grado de
desarrollo de una sociedad, pero también el más amenazado por las
transformaciones asociadas a la globalización. Fue Steve Jobs quien le dijo
Obama que la mano de obra industrial desplazada al Sudeste asiático "no va
a volver". Lo cual que en algunos ámbitos del empresariado se apuesta
abiertamente por especializarse en determinados servicios, primero, y
consolidar un tejido industrial a su alrededor, después. Un debate que tendrán
que afrontar sectores como el metal o el mueble, todavía enormemente
influyentes en patronales y cámaras.
Por
otro lado, está la cuestión de los liderazgos. Asistimos al ocaso de la
generación de los fundadores, pero resulta que a sus sucesores no les parece
demasiado sexy lo del asociacionismo. Ojo con el fenómeno. A directivos
jóvenes, muchos de ellos con estudios en universidades norteamericanas o
británicas, con contactos internacionales, en sectores de alto contenido
tecnológico, con acceso directo a altos cargos de la Administración,
indiferentes a la política de subvenciones, no les provocan excesivo asambleas,
juntas directivas, comités ejecutivos o plenos. Son los referentes del cambio
cultural que se avecina. Hay que involucrarles en el destino de la Comunidad.
Y
por último, quizás sea el momento de replantearse la propia estructura del
asociacionismo empresarial, por sectores y territorios cerrados, más
representativa del último tercio del pasado siglo. La economía se ha vuelto
híbrida, se divierte contaminando a unos sectores con otros. Eso debe
reflejarse en un sistema de representación reticular, heterodoxo,
desjerarquizado, colaborativo. Hasta entonces, será difícil obviar la sospecha
de que el principal motor de cada cual es la supervivencia de su patronal, por
encima del conjunto.
DIRÍA
QUE desde que comenzó la crisis vengo repitiendo el mismo lema: en tiempos de
recursos escasos, la economía necesita de la clase política todo aquello que el
dinero no puede comprar, es decir, talento y esfuerzo. No hace falta que les
diga el escaso predicamento que tienen afirmaciones de este tipo en un
stablishment público acostumbrado a no adoptar decisiones salvo que a) existan
fondos disponibles; o b) cuenten con el aval de una consultora de reputado
prestigio (fascinante que el futuro de los institutos tecnológicos se vaya a
dirimir aplicando este segundo método). Antes que adentrarse por la senda
incierta de la oportunidad, nuestros políticos prefieren abrasarse en el
brillante mediodía del desconsuelo. "Es que no hay dinero para nada",
suelen decir.
¿Para
nada? Al menos lo habrá para invitar a un vermú a alguno de los cerebros
valencianos que se han hecho un hueco en el mundo global y pueden aportar
soluciones, abrir nuevos horizontes o facilitar relaciones (networking) a una
Comunidad necesitada más de ideas que de fondos. A Javier García,
vicepresidente de la mesa de tecnologías emergentes del Foro de Davos y
fundador de Rive Techonology, propietaria de una patente que le ha atraído 49
millones de dólares de fondos americanos. A Iker Marcaide, fundador de
Peertransfer, la primera empresa valenciana en pedir ficha bancaria en Londres,
a través de la cual formalizan sus matrículas alumnos extranjeros en más de un
centenar de universidades de Estados Unidos. A Pablo Jarillo, premiado hace
unas semanas por la Casa Blanca como uno de los investigadores con más futuro
del país por sus avances sobre el grafeno. A Ricardo Montesa, fundador de
Brainstorm, proveedora de software de los estudios de cine de Hollywwod y
cadenas de televisión de ámbito global como CNN, NBC o BBC. A Natalia de
Estevan, cerebro del Directorio de Tráfico del London of Transport, una de las
grandes responsables del éxito de Londres 2012 (Isabel Bonig, ¿por qué no la
llamas?). A José Carmena, director del Brain Machine Interface Systems Lab de
la Universidad de California y referente mundial en ingeniería aplicada a
neurociencias. A José María Lagarón, de Nanobiomatters, uno de los dos
españoles seleccionados por la Comisión Europea para diseñar el VIII Programa
Marco de Innovación. O a José Antonio Carrasco, fundador de Emxys, compañía
aeroespacial, la única española que participa en el GoogleXPrize, el concurso
para llevar un módulo transportado a la luna.
UNA
DE LAS CUESTIONES que comenzaron a correr de boca en boca en los cenáculos
empresariales desde que la junta de accionistas del Banco de Valencia aprobó
denunciar posibles delitos fue la de hasta dónde iba a llegar la investigación
del Frob. Tras la nacionalización de Bankia, lo que antes era pura curiosidad
se ha transformado en inquietud en amplios sectores de la sociedad económica.
Hasta dónde se va a llegar en las investigaciones abiertas y, directamente
relacionado con eso, dónde se fijará el listón. No hay que olvidar que KPMG y
más recientemente PwC no han dejado de bucear en las entrañas del Banco de
Valencia y el Frob amaga con más denuncias. Después del asunto Aguas, ¿cuál
será el siguiente?
¿Será
el de la piscifactoría de Antoni Asunción y Társilo Piles, cuyas presuntas
'diferencias' con el banco no le han impedido, sin embargo, presidir la
Fundación del Valencia CF? ¿Será alguna de las grandes operaciones
inmobiliarias con suelos supuestamente valorados, asumidos en dación en pago, financiados,
pasados, traspasados o cualquiera otra de las posibles variantes posibles que
se les ocurran, siempre con el estigma de la sobrevaloración a cuestas, en
Riba-roja, Cullera, Alicante, Murcia o Vila-real, por ejemplo? ¿Será la compra
aparentemente millonaria de gestoras de fondos? ¿Serán las supuestas
maquinaciones, préstamos incluidos, para mantener el valor en Bolsa? ¿Será la
aventura de México, articulada a través de sociedades ubicadas en Holanda para
beneficiarse de exenciones fiscales? ¿Ha sucedido algo de esto? ¿Van a salir
más apellidos? Esas son las preguntas que se plantean desde hace semanas en las
sobremesas empresariales.
De
momento, lo único que hay es el asunto de Aguas de Valencia sobre el que
diversos actores muestran creciente interés, incluidos los franceses de París y
los franceses de Barcelona, que no son los mismos. Nada cambiará hasta que el
juez Pedraz admita a trámite la querella del Banco de Valencia, una denuncia no
demasiado aplaudida en medios jurídicos. Porque, pese a la contundencia de
algunos datos, no detalla las medidas cautelares y comete excesos, como el de
incluir en el agujero dos créditos vivos. No obstante, el interés se centra
para muchos no tanto en la causa como en las consecuencias. Y el Banco de
España en esto apuesta por la profesionalidad: escuchará la sensibilidad
valenciana, pero si puede adjudicar su parte en Aguas lo hará por subasta.
EL
PASO DEL TIEMPO, vaya si cambia las cosas. En el mundo empresarial nadie
discute ya la oportuna puntualidad de la causa de los trajes, el proceso que
retiró a Camps de la vida pública hace un año. Cuando es visión compartida, con
Lope, que "humildad y necedad no caben en un sujeto", para muchos
supone un consuelo en esta crisis brutal no tener al frente al ex president de
los delirios. Aunque para los desmemoriados ahí están los deslices de Rita
Barberá de las últimas semanas, que suenan a eco del pasado. Su última ocurrencia,
la de plantar cara a la cremà en lunes, dejó estupefactas a nuestras dos
grandes cadenas de supermercados. "¿La alcaldesa, con quién va?" (¿Y
Rus?, ¿paga lealtad o compra información de Blasco?).
En
realidad, con quién va la Administración toda. No se entiende a qué espera
Fabra para hacer la crisis de gobierno. A finales de la semana pasada los
rumores sobre el Consell de seis consellerias eran fuertes. Pero nada. En estos
tiempos confusos cualquiera que tenga capacidad sintética y ponga orden puede
descubrir oportunidades donde aparentemente sólo hay caos. Es el caso de la
reestructuración del sector público. La Conselleria de Máximo Buch dice haber
recibido ofertas por una decena de sus empresas. Convendría que aprovechara
para casar las necesidades de liquidez de la Generalitat con el interés de
muchos por encontrar nuevos negocios en los que diversificar. Hay proveedores
(sí, valencianos también) cuyos estados financieros han recuperado algo de tono
tras el plan de pagos. "¿En qué negocio me puedo meter?", se
preguntaba hace unos días un destacado apellido empresarial.
Se
echa de menos, y el sentimiento no es nuevo, que además de diálogo haya
negociación. Los casos de corrupción están siendo utilizados hábilmente por las
grandes constructoras nacionales para ganar contratos que tradicionalmente se
adjudicaban a empresas locales. Tal que la urbanización de Ruzafa. Hay miedo a
hacerse la foto con los de aquí, no sea que después te metan en un lío. Y
tampoco es eso, ni Barberá tiene que decidir el futuro de la dársena sólo con
FCC, ni la consellera Bonig resolver la cuestión de las infraestructuras con
los gigantes de Madrid. En un momento tan delicado como este cotizan las
alianzas, porque motivos para el disgusto nunca faltan: ahora, la negativa de algunas
entidades financieras a seguir pagando el confirming. Sí. En tres meses, más de
13 millones impagados a los contratistas.